Críticas

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“FAMILY PLOT” de Alfred Hitchcock
Ellos ocultan, Hitch los devela

Blanche Tyler, mentalista. Mujer dedicada a su profesión que no duda en ayudar a sus clientes dedicándoles tiempo y preocupación exclusiva. Arthur Adamson, joyero. Respetado hombre de negocios de San Francisco, con los más importantes clientes. Dos personajes, el comienzo de una historia. La última que el maestro Alfred Hitchcock llevaría a la pantalla.

Mucho más contemporánea que sus antecesoras, “Family plot” presenta un universo moral completamente corrupto en el que no hay lugar para inocentes metidos en sucias situaciones o maquinaciones ajenas. La ambición, la culpa y la locura son los móviles entre los que se mueven los integrantes de esta trama.

Conseguir dinero en grandes o pequeñas cantidades es el móvil a la vista de los dos personajes que cuentan con la colaboración de dos secuaces para llevar a cabo sus delitos, un taxista perdedor en el caso de la mentalista, una mujer enigmática y dispuesta a todo por el lado del joyero.

Blanche Tyler, mentalista. Mujer con un instinto especial para recaudar dinero estafando vulgarmente a crédulos clientes. Arthur Adamson (?), joyero. Hombre de oscuro pasado cuyos verdaderos ingresos provienen de secuestrar a personajes destacados del área.

En el elenco destacan varios actores que tal vez no hayan tenido la suerte que merecía luego en su carrera. El joyero es un más que inquietante William Devane, su cómplice es la muy agraciada y apropiada Karen Black, como el taxista se luce un exacto Bruce Dern y en roles menores aciertan Ed Lauter, Cathleen Nesbitt y Katherine Helmond. La excepción es la por momentos demasiado fuera de lugar Barbara Harris en el papel fundamental de la mentalista.

Cuando el destino de los cuatro personajes principales se cruce por pura intervención del azar -y de remotos remordimientos-, el entramado se irá convirtiendo paulatinamente en un aceitado juego del gato y el ratón en el que tal vez haya -o no- un ganador.

Hay varias secuencias que lo muestran en su mejor forma para la ejecución del suspenso, como la del fallido intento de atropello con un auto a una de las parejas, el momento en que la mentalista descubre algo inconveniente en el auto del joyero o hasta un momento de falsa comunicación desde el más allá en una de las sesiones espiritistas.

Hitchcock maneja con suma maestría y sin mayor dificultad un guion de aquellos que lo convirtieron en leyenda, basado en una novela barata -en este caso “The rainbird pattern” de Victor Canning- y escrito por el prestigioso Ernest Lehman, que comparte toda la información con el espectador a la vez que se la oculta a los personajes.

El guion abunda en momentos de ese humor particular que definía cada uno de los trabajos del realizador, que en este caso llega hasta el genial, inesperado y evidente guiño final al espectador. Uno que ahora podríamos interpretar como el saludo de despedida de un grande que hizo de la ironía y el fino sentido de la comedia otro de los ingredientes principales dentro de su vida y obra.

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“ME AND YOU AND EVERYONE WE KNOW” de Miranda July
Dulce torpeza humana

Richard tiene impedimentos para comunicarse con su mujer y sus hijos. Christine tiene problemas para encontrar pareja. Christine va a comprar zapatos para su padre al negocio en el que Richard los vende. Christine sale con un par de zapatos que no parecen ocasionarle molestia alguna.

Richard se ha tenido que mudar con Peter y Robbie, sus dos hijos. Mientras el primero tiene una particular relación con dos vecinas adolescentes que viven de la provocación, el segundo establecerá una extraña relación via internet.

Con este grupo de personajes y algunos más, la también talentosa artista multifacética Miranda July construye un mosaico caótico y desparejo que se asemeja demasiado a las cotidianas relaciones humanas.

La imposibilidad de construir una relación de igual a igual, de encontrar en el otro el reflejo exacto de lo que somos, o de lo que deseamos que el otro sea se encuentra presente en cada tramo de este originalísimo film.

La impulsividad y falta de tacto en la comunicación con otras personas, tan impulsivos y faltos de tacto como uno mismo, terminan conformando lo que habitualmente denominamos convivencia. Una que termina resultando en el caos que vivimos sumergidos.

La realizadora se las ingenia para convertir esas imposibilidades inherentes al común de la gente, a veces tan absolutas, tan determinantes, tan trágicas, en una humana reflexión poseedora de un irresistible, sutil e inteligente sentido del humor.

July consigue una obra madura, plena de hallazgos y con un ritmo impecable que la mantiene en una duración real que no llega a los noventa minutos. Edición, música, fotografía y actuación de alto nivel, sobre todo en el caso de July y John Hawkes, aseguran un agridulce festín cinematográfico apto para exquisitos.

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“KOHI JIKO” de Hou Hsiao-hsien
Poética de la mirada

Yoko busca un café que solía tener otro nombre. Mientras tanto, habla con un joven de la misma edad que ella con el que comparte interés por observar de diferentes maneras la ciudad en que viven.

Yoko toma una cámara y recorre lugares, Hajime (el chico) un micrófono que le permite registrar los sonidos de los omnipresentes trenes que no dejan de recordar el permanente movimiento de la vida.

Hou es a la vez sus personajes y no deja de hacer lo mismo que ellos, al mostrarnos a la vez la vida de Yoko y la de una ciudad, Tokio, que se mueven hacia el irrefrenable futuro con un destino incierto.

La capacidad del realizador para cautivar con pocas palabras, planos fijos y una casi inexistente banda sonora es admirable. Todo en este filme tiene el atractivo de lo desconocido, aunque su estilo es realista, casi documental.

Sin embargo, hay muchos indicios de que todo en la trama fue cuidadosamente desarrollada y que el realizador no dejó una sóla escena al azar. Pese a tener actores principiantes el filme no se resiente, gracias a la pericia de Hou, gana.

Los planos abiertos ayudan a darle al filme un naturalismo que probablemente no se hubiese conseguido de existir los planos mucho más cercanos.

Todo funciona a la perfección y Hou logra un filme que reconcilia al espectador con el verdadero cine, el que está fundado en la observación más aguda de lo complicado de todo lo que nos rodea, para volverlo accesible.

Lo que por supuesto no es ajeno al origen oriental de su autor, un sutil voyeur que encuentra poesía donde tal vez sólo haya ruido y caos.

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“THE HOLY MOUNTAIN” de Alejandro Jodorowsky
Escalando hacia el centro de uno mismo

Al comienzo hay un ladrón apaleado y en medio de una gran confusión. Ese desborde emocional continúa apropiándose de cada momento en la vida de este individuo con parecido a una conocida figura religiosa hasta que termina rodeado de otros personajes de mayor status social y como parte de una búsqueda.

Esos personajes no dejan de tener sus particularidades, que probablemente deban a su propia búsqueda, repleta de fantasmas y visiones salidas de sus propios lugares oscuros. Entonces esta es una historia de iniciación, de apertura de caminos que, comandada por un particular maestro que domina varias disciplinas (el mismo realizador del filme, Alejandro Jodorowsky) te puede llevar hacia un lugar más elevado.

Y tal vez ese sitio no esté en otro lado que no sea en tu propio ser, seguramente luego de dejar de lado esas cuestiones ancestrales, aprendidas o imaginarias, que también se podrían denominar neurosis, originadas seguramente en infantiles traumas o miedos.

Jodorowsky presenta todo esto de una manera muy personal, con una sucesión de escenas surrealistas que surgen de su propio mundo interior con una facilidad asombrosa. Presos bailando con sus carceleros, sensuales estatuas vivientes, gente elegante desfilando de rodillas, vaginas mecánicas, se van desprendiendo del celuloide y prendándose en nuestras retinas.

A pesar de que todo ello pueda resultar demasiado para personas no iniciadas en el cine repleto de simbolismos, las escenas son de una concisión y claridad pocas veces vista en este tipo de trabajos. Jodorowsky sabe lo que filma y cómo lo hace. Esas imágenes están pensadas y planeadas con anticipación.

En ese sentido, el surrealismo en el momento de ser filmado, registrado, pierde su repentización o espontaneidad. No así el efecto que produce esa imagen fijada en una película de 35 mm en el espectador, como ya dejamos bien claro.

Más que recomendable obra, “La montaña sagrada” es todo un festín para los admiradores del chileno Jodorowsky y por supuesto también para los del movimiento promovido por el francés André Breton en los años veinte que sorprende hasta el día de hoy.

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“GOSFORD PARK” de Robert Altman
¿Los de arriba y los de abajo?

Todo se desarrolla en 1932 en una casa de campo en Inglaterra, la invitación a cazar de un millonario un tanto intolerante y su esposa que reúne a varios aristócratas y gente de cine y a sus empleados de servicio. Esta es la excusa que Robert Altman utiliza en esta ocasión para mostrar al grupo humano de turno con todas sus miserias -las más- y virtudes -las menos-.

La experiencia cinéfila es infinita en detalles y se disfruta mejor si se la ve en una pantalla de mayor tamaño. Es cine y está dirigida como tal. No es una de esas pobres adaptaciones de historietas, videojuegos o libruchos que están producidas con y para pantallitas pequeñas, es cine en serio.

Altman aprovecha a fondo a cada uno de los actores dejándolos moverse a sus anchas por los elegantes escenarios que, en esta ocasión, y también contra otra tendencia de preciosismo vacuo que se ha impuesto en los últimos años, son mero adorno de las idas y venidas de los personajes.

Todos los que están en esa casa tienen secretos, por pequeños que estos sean y las relaciones entre ellos no estarán definidas por su pertenencia a una clase, sino por la promiscua interacción entre ellas. Promiscuidad es la forma más acertada para describirlas porque Altman nos convierte con su inquieta y certera puesta de cámaras en voyeurs de varias situaciones privadas, de esas que generalmente somos protagonistas y no testigos.

Así mientras las primeras escenas nos llevaban a pensar en una maniquea película sobre una clase baja subordinada a la alta, todo lo que sigue nos muestra que todo eso es un engaño y que los pisos de arriba y los de abajo están en realidad muy cerca, tan cerca como para que tal vez se produzca un crimen.

El gran elenco de actores (que incluye nombres notables como los de Clive Owen, Kristin Scott Thomas, Maggie Smith, Helen Mirren, Alan Bates, Derek Jacobi o Michael Gambon) descolla durante toda la duración de un filme que merece ser visto más de una vez para apreciar en toda su dimensión. Otra investigación antropológica de un realizador que se especializó en ellas.

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“ON CONNAIT LA CHANSON” de Alain Resnais
Una de amor que sabemos todos

Camille Lalande (Agnés Jaoui) es una intelectual pretendida sentimentalmente por Marc (Lambert Wilson) un vendedor de propiedades y su empleado Simon (André Dussollier). Camille es hermana de Odile (Sabine Azéma), que a su vez está en pareja con Simon (Pierre Arditti) y es la ex de Nicolas (Jean-Pierre Bacri) que está casado con Jane (Jane Birkin), pero aún siente algo por Odile. Sí es un lío, es que estamos ante una comedia de enredos en la mejor tradición del género.

El maestro Alain Resnais realiza otra de sus obras ajustadas y excelentemente armadas, esta vez con la colaboración desde el guión de Jaoui y Bacri (o los Jabac, como se los conoce en Francia) que también dejan ver su estilo. Las complicaciones que van surgiendo y las que vamos descubriendo a través del metraje, llevan a un entramado que tiene mucho de tragicómico. Porque estos personajes no están cómodos con sus existencias y Resnais lo deja muy claro.

Hay una incomodidad por las formas convencionales de relacionarse por medio de la mentira, de los lugares comunes, de esos dichos, versos o actos equívocos que se convierten en canciones repetidas. Literalmente, porque estas canciones estallan en la pantalla con un artificio evidente (las voces no corresponden con el sexo, comienzan y terminan abruptamente…) dejando claro el patetismo o lo vulgar de cada situación.

Por lo tanto lo que parece gracioso, divertido o puramente normal, va adquiriendo un peso específico propio que llega a su cumbre en el momento en el que todos los personajes principales se reúnen en una fiesta, que estará repleta de tensiones y situaciones límite que, sin embargo no modificarán gran cosa para ninguno de los involucrados.

Es que parece que la vida es según el filme un conjunto de infelices, aunque entretenidas, coincidencias que se van tejiendo y destejiendo sin que los involucrados tengamos del todo el control sobre ellas. El destino o el azar parecen manejarlo todo dejándonos de lado.

Sucede todo lo contrario con el realizador, al que como ya dijimos no se le escapa por un momento el pulso de la historia y se encarga de darle la espesura y dimensión que requería. El siempre ajustado trabajo del gran montajista Hervé De Luze, la fotografía con ciertos tintes sombríos de Renato Berta y la dirección artística de Jacques Saulnier terminan, junto al también citado elenco de excelentes intérpretes de componer una recordable partitura de emociones humanas.

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“DARK STAR” de John Carpenter
Con todos los síntomas

¿Existe una enfermedad llamada cinefilia? Creo que sí. Y también que no hay un caso peor que el que evidencia John Carpenter en esta, su ópera prima. Él y su co-guionista y también protagonista, Dan O’Bannon son los responsabes directos y por lo tanto los portadores, presuntamente incurables, de tan bienvenido delirio fílmico. Por cierto contagioso, puesto que el que sea inmune a él probablemente no tenga nada que ver con universo cinematográfico alguno.

Y justamente de exploradores del universo se trata. Cuatro de ellos: Doolittle (Brian Narelle), Boiler (Cal Kuniholm), Talby (Dre Pahich) y Pinback (el citado O’Bannon), probablemente no los mejores, tal vez en algún momento lo fueran, pero al haber tenido ciertos inconvenientes de orden burocrático-económico han debido permanecer en el espacio exterior más de la cuenta.

No se encuentran solos en la nave que los transporta eficaz y dócilmente (dato no menor considerando algunos acontecimientos que suceden a bordo) a través de sistemas solares presumiblemente a millones y millones de kilómetros del nuestro. Cuentan con una computadora parlante y con un ser ajeno a la tripulación original bastante particular, entre otras rarezas que sumarán delirio y originalidad a la propuesta.

Todo el metraje está lleno de comentarios y situaciones que remiten a los filmes de ciencia ficción de la época y a la literatura del mismo género de autores como Philip K. Dick y Ray Bradbury. Reflecciones filosóficas, banales y gags físicos y bromas tontas son dichas y jugadas -literalmente- con la mayor efectividad tanto por los actores como por el director.

Carpenter, un realizador denominado de “Clase B” que con esta película hace la que sin duda es una de las obras maestras del cine barato, imperfecto, real, cercano a cualquiera de nosotros en términos de producción y seguramente más lejano en cuanto a talento y probablemente en la pasión puesta en la tarea. Es que Carpenter no sólo dirigió y escribió sino que también editó y musicalizó la película, que en “Benson Arizona” (cantada por John Yager) tiene una de las más notables canciones compuestas para un film de la historia del cine. Filme éste sin duda transmisor peligrosísimo del virus conocido con el académico nombre de Séptimo Arte.

Bonus track: guión del cortometraje que dio origen a “Dark star”

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“NAKED LUNCH” de David Cronenberg
Extraños rituales literarios

Bill Lee es un conocido escritor que comienza a descubrir aspectos de su vida y profesión que parecería desconocer parcialmente. Es que su mujer parece haberse hecho adicta a una sustancia que él utiliza en su otro trabajo. Si es que lo tiene. Y si es que su esposa está allí con él.

Encarar una crítica con una sinopsis de esta adaptación de Cronenberg de la novela de William S. Burroughs es una tarea ardua… O no. Tal vez sea fácil y sólo haya que dejarse llevar por la alucinante trama. Intentémoslo.

Con Bill ya en la Interzona -un lugar que seguramente cualquiera podría, si quisiera, conocer- empezamos a ver como ciertos elementos esenciales para cualquier escritor no son completamente inocentes de la obra que estos producen o cómo ciertas relaciones especulares esconden en realidad la personalidad de su autor.

También hay personajes que no son lo que parecieran y que ejercen un extraño poder sobre los demás. La dominación y la vampirización de otros seres están presentes todo el tiempo, así como lo está la musa. Pero no cualquiera de ellas.

Es la musa del policial, que es lo que este filme es en su aspecto y en su tono. Y entonces esa musa es víctima de todas las sospechas y rituales de pasaje, es quien debe sacrificarse para que la fundamental misoginia del género quede en pie. Para que la historia que se está contando tenga sentido.

Aunque esta misoginia esconda algo en realidad muy evidente en todo momento: la homosexualidad latente -o no tanto- de su autor. Es que en la Interzona todo se vuelve ambiguo y es potenciado de tal forma que todo es lujurioso, sexualmente excitante.

Y lo prohibido queda para otro momento, aquí todo vale y es todo un viaje descubrirlo. Un viaje que tal vez tenga algo de riesgoso. O no. Tal vez son sólo trabas morales e inútiles, quién sabe. La experiencia se nutre, naturalmente, de la prueba, de dejar volar la imaginación.

La sofisticación habitual en Cronenberg es el caldo de cultivo ideal para la lasciva imaginería de Burroughs y la pócima termina siendo irresistible para cualquier espectador ávido de propuestas distintas, que en este caso y por si fuera poco, cuenta con un elenco excelente y no menos meritorias labores de fotografía y música. Un plato para paladares inconformistas.

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“CLUNY BROWN” de Ernst Lubitsch
Si las cañerías parecen dejar de funcionar…

Hay que llamar a alguna persona experta que las vuelva a dejar en condiciones. Este es el lugar común del cual el genial maestro Ernst Lubitsch se vale para conseguir una de las más logradas comedias de todos los tiempos. El humor sutil plagado de doble y hasta triple sentido está impecablemente logrado. Charles Boyer y Jennifer Jones y el resto del elenco están muy bien en sus papeles y el guión de Samuel Hoffenstein y Elizabeth Reinhardt basado en la novela de Margery Sharp fluye como el agua por un caño.

Inglaterra, finales de los treinta. Adam Belinski (Boyer) es un escritor refugiado. Su fama y prestigio lo preceden, los jóvenes lo admiran y lo toman como ejemplo por su valentía y su mundana apariencia. Dicen que los nazis lo persiguen por sus escritos y declaraciones, y el necesita de los demás para sobrellevar su complicada situación… Que tal vez no lo sea tanto.

Cluny Brown (Jones), es una joven emprendedora a pesar de que su tío quiere coartar sus ganas de explorar otras situaciones diciéndole lo que debe o no hacer desde su lugar como mujer en la sociedad. Y un día a Cluny se le ocurre hacer lo que no debe hacer una mujer bajo ningún concepto, encargarse de hacer que las cañerías funcionen haciéndose cargo del oficio de plomero.

Jonathan W. Wilson (Richard Haydn) por su parte, es el encargado de la farmacia del lugar donde estos dos personajes se juntarán. Un hombre recto, estable, maduro, que vive con la particular madre detrás de su propio negocio. Sedentario, cuidadoso de las formas y preocupado por la opinión de los vecinos de la comunidad. Alguien consciente del lugar que ocupa y con gran sentdo de responsabilidad.

De estos personajes se toma Lubitsch para elaborar una magnífica metáfora sobre el lugar que nos es dado ocupar en la sociedad. Y allí es dónde ésta comedia toma su verdadera fuerza, dónde se convierte en un válido vehículo de interrogantes para el espectador. ¿Debemos tomar el espacio que nos ha sido legado? ¿Hay que aceptar las imposiciones de los otros si realmente no las deseamos? ¿Vamos a ser alguien por nosotros o por los demás?

Un gran clásico filmado justo después de la segunda guerra, que sería la última película enteramente del realizador y que revaloriza al género y muestra lo que se puede alcanzar con él. La actriz Mary Pickford le había propuesto trasladarse a Hollywood y allí Ernst Lubitsch continuaría su incipiente carrera -que incluyó el cine mudo y los musicales- a partir de 1922 siendo supervisor de la Paramount, lo que le sirvió para ofrecer su primera oportunidad a jóvenes que huían del real antisemitismo nazi, como Billy Wilder y Otto Preminger.

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“TWELVE MONKEYS” de Terry Gilliam
Una coherente paranoia

La versión Gilliam del fin del mundo está bastante mejor encarada que otras tantas que se han visto y probablemente se verán por ahí. La historia original que escribieron con evidente dedicación y detalle David Peoples y Janet Peoples es a su vez ambigua y abierta a interpretaciones diferentes. A todo eso contribuyen la excelente elección de locaciones y el cuidado de cada uno de los planos por parte del realizador, que es de verdad un virtuoso de la cámara y no cree que se puede engañar con cualquier imagen al espectador como tanto realizador alabado en estos últimos años.

Cole (Bruce Willis) es un hombre confundido que ya cuando lo conocemos está entregado a la experimentación de un grupo de supuestos científicos que lo designarán para una misión peligrosa: descubrir al culpable de la propagación de un virus que ha terminado con la mayoría de la humanidad. Pero esto podría estar sólo en la imaginación de Cole. Realmente no sabemos sabemos nada a ciencia cierta en el comienzo de la historia. De a poco, junto con él, iremos descubriendo a varios personajes que de una forma u otra influirán en el destino de Cole para siempre.

Así aparecerán un millonario más preocupado por sus experimentos que por lo que estos puedan causar (Christopher Plummer); su hijo (Brad Pitt), un maniático del que no sabemos que puede llegar a generar en su terrible hiperactividad; el director de un psiquiátrico (Frank Gorshin) que por su simple presencia resulta inquietante, más policías, enfermeros, vagabundos, ecologistas, científicos y proxenetas varios. Y también objetos (como trajes y cápsulas transparentes o globos con miradas catódicas), escenarios (definitivamente barrocos o caóticos) y demás seres (zoológicos) que contribuirán al caos en el que Cole se verá envuelto.

En medio de todo y de todos aparecerá la doctora Kathryn Railly (Madeleine Stowe), que será el personaje que nos ayude a descubrir a Cole y a él a encontrarse -en parte- a sí mismo. La relación entre ambos está entre las más complejas e interesantes del cine de los últimos años. No es una simple interacción profesional-paciente, ni tampoco una historia de amor al uso. Son dos personajes que, por diferentes motivos que los llevarán a vivir momentos límite, se verán obligados a depositar en el otro ciertas pesadas cargas personales.

¿Todo esto es una alucinación? ¿En quién confiar cuándo no se tiene un interlocutor que lo vea a uno como un ser humano? ¿Cómo no tener miedo de un ser que parece un marginal que delira? ¿De qué es capaz una persona así? Cole y Railly se ven obviamente agobiados por preguntas de este tipo en todos los momentos en que se hallan juntos. Y no hay tranquilidad para ninguno. Hay, sí momentos clave en los que ambos deberán tomar decisiones que afectarán la vida del otro y la suya propia. Y no faltarán momentos de ternura, odio, comprensión o violencia.

Así Terry Gilliam nos habrá dejado al final una verdaderamente profunda y compleja historia de amor mezclada con visiones apocalípticas que siempre nos terminarán resultando tan cercanas o lejanas como las deseemos ver. Un cine industrial pero a la vez independiente, no del más caro, que se está echando de menos en los últimos tiempos en Hollywood. Un cine de ideas, con guión de hierro y personajes de carne y hueso que deja la agradable sensación de no haber ido a la sala sólo para ver un patético videojuego sin el más mínimo interés o relevancia alguna.

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“GIRL SHY” de Fred C. Newmeyer & Sam Taylor
Harold Lloyd un talento desatado

Un joven apocado y con dificultades en el habla trabaja junto a su tío en la sastrería de éste. En sus ratos libres el joven escribe un tratado sobre las mujeres. Pero sucede que no puede relacionarse con ellas, les teme. A partir de esta premisa, el excelente actor y acróbata que es Harold Lloyd, junto a sus directores y co-guionistas arman una comedia divertidísima que se convierte en un clásico instántaneo. Un verdadero hallazgo del cine mudo y en blanco y negro que data de 1924, época en la que Lloyd gozaba de más popularidad que Keaton y Chaplin en las taquillas norteamericanas.

Harold Meadows sufre horrores cada encuentro con una mujer frente a frente y ante la presión, que también siente en otras situaciones límites, se ve imposibilitado de articular palabra, comenzando a emitir sonidos ininteligibles instantáneamente. Hay una sola forma de curarlo cuando se encuentra así y no la vamos a develar. Obviamente esto hace que su vida sea miserable ya que desea participar de ella con todas sus ganas y que conocidos y, por sobre todo, su tío se preocupen por el estado de su vida social.

Un día Harold conocerá a una mujer (la muy dulce y correcta Jobyna Ralston) en la estación del tren a la que tendrá que ayudar a pasar de contrabando en el vagón a su pequeño perro. Iniciarán así una relación de la forma más inesperada y casual. De repente nuestro héroe dejará de lado su timidez y encarará una amena charla con la muchacha. A todo esto, también habrá decidido llevar el manuscrito de su ensayo a un editor para ver si tiene posibilidades de publicación. Pero ni en el aspecto personal ni en el profesional las recompensas vendrán de inmediato, antes se presentarán obstáculos que tendrá que superar.

El personaje de las gafas, creado por Lloyd a pesar de la resistencia de su amigo Hal Roach al cambio de una exitosa fórmula anterior, no puede menos que empezar a vivir una serie de vicisitudes en extremo graciosas que van de escenas que requieren sus habilidades de sutil comediante hasta las acrobacias físicas que son marca de la casa. La asombrosa capacidad de Lloyd para ambas cosas queda más que probada con momentos de gran hilaridad y otros de una clara y contenida ironía. El personaje y el actor logran la identificación inmediata con el espectador que enseguida se siente parte de la historia.

La metódica construcción de este filme, revela el profesionalismo alcanzado por el equipo liderado por Lloyd para la puesta en escena de situaciones y gags, a través de un pensado engranaje y del trabajo de la curva dramática que terminará produciendo el efecto risible deseado en el público. Harold Lloyd, también uno de los socios fundadores de la Academia de Hollywood, pasó a la historia como uno de los cómicos más destacados de la época muda y al tomar contacto con su obra no cabe duda del por qué. El hombre medio de los antejos redondos sabía lo que hacía y cómo y quedará para siempre como una parte fundamental del espectáculo cinematográfico.

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“LE RAYON VERT” de Éric Rohmer
El amor a cada paso

Delphine está a punto de comenzar sus vacaciones. Tiene varias propuestas, sus amigas la alientan para que se relaje y tome su tiempo libre de la forma en la que cada una de ellas lo toma. Y Delphine duda entre sus opciones. Y Delphine sigue pendiente de Jean-Pierre. Y Jean-Pierre no aparece. ¿La abrá dejado definitivamente o será sólo algo temporal? Y Delphine no sabe si dar por terminada su relación ¿tal vez unilateral? con él. Delphine está incómoda, inconforme, enamorada.

Simplemente enamorada. Con las complicaciones que eso conlleva. Ahora bien, ¿de quién está enamorada Delphine? ¿De Jean-Pierre..? ¿Del hombre por venir..? Sí. Y no. Nuestra heroína está enamorada y punto. Se dice que el cerebro libera una sustancia, o varias, para que esto pase. Pues bien, parece que ella se ha vuelto dependiente de ella. A varios les pasa. Es totalmente estimulante. Puede -y seguramente lo hará- convertir tu vida en un auténtico lío. En un ida y vuelta constante, sin fin.

Eric Rohmer y Marie Rivière, uno en su función de genial realizador y la otra en su doble función de maravillosa protagonista y guionista, te llevan a sentir la confusión del personaje, a comprenderla y por qué no, justamente a amarla. Delphine se convierte en uno de los personajes más entrañables que ha dado el séptimo arte. Sentimos empatía hacia ella, sabemos lo que le sucede, a todos nos ha pasado o, con suerte, nos pasará alguna vez.

Los paisajes que recorre esta mujer tan excepcionalmente común son soleados, veraniegos, llenos de elementos estimulantes que forman la naturaleza de la que es parte. Y en esos elementos y lugares ella encuentra pistas, pistas que la llevan hacia algún lugar, elementos o creencias que la guían, la orientan en una búsqueda de la que no conoce el fin. Pero lo ansía, lo desea. Algo le dice que es por allí. Todo la conduce hacia ese algo, o alguien.

Y ese encuentro seguramente estará signado, en este caso, por un rayo verde. Él será el encargado de darle sentido a todo como lo dijo Julio Verne en su libro. Un rayo de sol especial, que sólo se produce bajo ciertas condiciones climáticas y atmósféricas y que a su vez tiene otras derivaciones, románticas y de profunda comunicación. Si una pareja pasajera o estable, o esos amigos especiales tienen ganas de pasar un rato agradable y disfrutar de un canto al amor y al cine, no debería dudar un segundo y juntarse para ver esta obra maestra.

¿Con deseos de ver ese rayo verde? Espialo por un momento aquí.

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“CACHÉ” de Michael Haneke
La responsabilidad de lado

Pareja intelectual burguesa con un hijo. Ella bienpensante y abierta. El cerrado y desconfiado. Ella Juliette Binoche, él Daniel Auteuil y un director, Michael Haneke, dispuesto a mostrar una vez más la realidad desde un ángulo incómodo, poco complaciente. La forma de hacerlo muy elaborada y de una sofisticación de lenguaje pocas veces visto en el cine actual. Filme hecho sobre todo para las personas a las que describe, gente acostumbrada al análisis de los hechos y las cosas que los rodean. Incómodo.

Georges y su mujer comienzan a recibir videos que los muestran desde afuera, que los guían hacia un lugar, un lugar en particular en el pasado. Lejos en el tiempo, cerca en lo aprendido, En lo básico para la vida acomodada de Georges. Y surgirán detalles que develarán poco a poco su personalidad, su forma de manejarse en la vida, el lugar que le da a los demás, el lugar en el que se ubica él mismo. Características que irán descubriendo paso la clase sujeto social a la que pertenece. Cerca, muy cerca, incómodo.

Haneke se acerca al sujeto y lo muestra, sin miedo, desde su punto de vista, todo el tiempo. Busca explicaciones al hecho, comienza una extraña búsqueda y las encuentra. ¿Las encuentra? Desconfiado de su mujer y sus amigos les oculta información. Parece que todo el tiempo tuviera algo que esconder, algo que va más allá de lo que está pasando. Probablemente Georges tenga
varios asuntos sin resolver, resueltos a medias o pendientes en su pasado como para estar tranquilo y se siente intranquilo, incómodo, cada vez más.

Hay algo que parece molestarle, en el fondo aunque no lo diga, aunque actúe seguro, tanto que hasta llegue a parecer -o ser- intolerante. Hay alguna falta, tal vez una culpa, algo que sabe que está -o estuvo- mal para él. ¿Y qué hace?, ¿trata de remediarlo? No. No. Y no. Lo niega. Lo niega ante quien sea, pero sobre todo ante quienes se siente responsable. Él no lo es, no puede serlo, no debe. Para ser quien es lo tiene que ignorar, tiene que seguir adelante. El reconocerlo sería perderlo todo.

Reconocer que perdió el rumbo hace tiempo, que todo lo conseguido es sólo una fachada que enmascara a alguien que él conoce pero que no se debe ver, porque es demasiado horrible para verlo de frente. Es mejor encontrarlo en el reflejo, en el lugar donde, según él, se encuentra lo malo. No en mí. No en mí. Se repite Georges. Y se mueve en consecuencia, para demostrarlo, para saber quien es en ese mundo que él habita, del que hace las reglas, del que es voz y parte activa.

Esto es lo que el director nos deja como reflexión, incómoda, pero real. La culpa burguesa no es muy tratada como tema en el cine y en este caso está mostrada de la mejor manera, con un montaje impecable de Michael Hudecek y Nadine Muse, una fotografía exacta de Christian Berger y una inspirada y especular dirección artística del talentoso Emmanuel de Chauvigny y de Christof Kanter; más las actuaciones de Auteuil, Binoche, Maurice Bénichou, Walid Afkir y la siempre eficaz Annie Girardot. Es cine del mejor, es cine del que deja un sedimento que no es fácil de asimilar y por supuesto no intenta serlo.

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“JULES ET JIM” de François Truffaut
Las tres vidas de Catherine

Jules (Oskar Werner) es un joven tranquilo y de vida ordenada que un día conoce a Jim (Henri Serre), otro joven pero con una agitada vida romántica. Practican deportes, hablan de literatura y ambos se enamoran de una estatua clásica de una fotografía que van a visitar inmediatamente. Luego de verla creen reconocer en ella su ideal de mujer y desearán encontrarla. No pasará mucho tiempo hasta que conozcan a Catherine, que encarnará para los dos a ese ideal de piedra. El filme está basado en una novela de Henri Pierre Roché que este publicó a los setenta y seis años.

A partir de aquí, François Truffaut mostrará con una habilidad y una ligereza notables en la puesta en escena, las idas y venidas en las vidas de estos tres personajes. Catherine (la maravillosa Jeanne Moreau) se dejará seducir y emprenderá planes de vida matrimonial con Jules, mientras Jim seguirá con sus aventuras. Pero luego de que la pareja tiene a su pequeña hija y Jules (austríaco) y Jim (francés) se enfrenten en bandos opuestos en la primera guerra mundial, todo cambiará.

Aquí aparecerá un tercer personaje en la vida de Catherine, Albert, que servirá de amante ocasional cada vez que siente que Jim, con el que ahora tiene una relación que Jules aprueba, se le escapa de las manos para irse con otras, especialmente con una mujer de nombre Gilberte. Todo este entramado de relaciones, sirve a Truffaut para mostrar la complejidad de las relaciones de pareja, que no todo es blanco o negro y que existen muchos matices.

Si alguien estuviese harto de una relación y la persona que está con ese alguien no pudiese concebir su vida sin el que tiene al lado, ¿qué pasaría? El estar dos personas enamoradas, ¿significa necesariamente que no haya nadie más en sus vidas? Los conflictos se multiplican y las formas originales y risueñas de resolverlos por parte del director también. Hay planos que se detienen por segundos, cortes abruptos de montaje para situaciones inesperadas, una gran habilidad para mostrar bellos escenarios naturales, etc.

Y en el medio Catherine, una mujer que no se plantea cosas innecesariamente, que simplemente vive, se deja llevar por lo que siente sin hipocresías, ni medias tintas. Una mujer vivaz que tiene a tres hombres pensando en ella, sin por ello abandonar a ninguno. Una mujer que se atreve a ser amiga, amante, esposa, aventurera, madre… Alguien que se atreve a correr riesgos y no se instala en un lugar cómodo a dejar que las cosas le sucedan. Va a su encuentro, las provoca.

El filme comienza en la Belle époque y finaliza para la época del ascenso del nazismo y Truffaut utilizó referencias pictóricas y literarias y además contó con la exacta fotografía de Raoul Coutard y la traviesa música de Georges Delerue. El ideal de mujer no está en una roca, en lo inamovible. Catherine resulta ser mucho más que eso y de verdad. Todas las mujeres de la Nouvelle Vague tienen algo de Catherine y Catherine es la suma de todas ellas. Y la película nos muestra veinte años de su vida y de las de Jim y Jules… No, perdón, Jules y Jim.

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“PERSONA/MANNISKOATARNA” de Ingmar Bergman
Sondear lo profundo

El niño quiere reconocer a su madre, a esa madre nítida, borrosa. Para tratar de establecer algún tipo de conocimiento elige un medio, la palabra, tal vez el cine. Un filme con dos mujeres distintas, que se buscan, se estudian, se aprenden. Empatizan, comprenden, rien, lloran. Al final se acercan a quien son y todo se ve más claro y más árido y desasosegado. para perderse nuevamente brumosas al extinguirse el celuloide.

Elisabeth Vogler, actriz prestigiosa, estudiosa de las actitudes de los demás, vulnerable y cansada de fingir ser otras, muchas otras, en el arte, en la vida. Alma, enfermera simple, sueños de mujer poco ambiciosa, destinada a ser inmerecidamente mal amada. Alma va a cuidar a Elisabeth, el día que esta quede muda voluntariamente en un escenario y deseará ayudarla y desde la admiración aprender de ella.

Elisabeth pretenderá observarla y para luego probablemente copiarla, desde una actitud que podría considerarse fría, entomológica. Las dos vivirán en una casa en la playa, alejadas, juntas… Con fantasmas agitándose alrededor que primero rondarán el ser fundamental de Alma, para luego enfrentar a Elisabeth como en un espejo, como en una puesta teatral descarnada, buscada y finalmente encontrada.

La curiosidad que genera el silencio, el asomarse a la muerte por llegar a la hondura final y última. Y la vuelta a la vida de una forma distinta, consciente de una identidad, de un ser real. La muerte por vacío, por repetición de actos banos, por la mentira, por la inercia y el encontrarse con un ser inseguro, sin un centro, necesitado de afecto sin saber conseguirlo. Añorando lo que se supone que alguna vez se tuvo. Simplemente añorar y no lograr, viviendo en la insatisfacción permanente. Alma y Elisabeth dos mujeres, dos personas distintas.

Seguridad y autoridad sólo externas opuestas a una personalidad firme que se termina descubriendo. Actos sin detenerse a meditar, por el hecho de vivir el momento, de seguir una línea ondulante que no sabemos dónde desemboca. De venir a la vida como resultado de esos actos. De ser uno más dentro de un caos originado hace tiempo llamado humanidad. Uno más con rumbo, uno más sin él, pero sólo uno más. Ingmar Bergman encanta, fascina y conmueve resignificando la capacidad del cine como reflejo del alma humana, reclamando y consiguiendo su lugar como Séptimo Arte.

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“THE BIG LEBOWSKI” de Joel Coen & Ethan Coen
La diversión de crear un mito

Los hermanos Coen la deben pasar muy bien imaginando, filmando y armando sus películas y se nota. Y en el proceso arman mitos modernos que perduran en la memoria cinefila. La construcción de sus historias basadas en modismos locales estadounidenses alcanzan resonancia en cualquier lugar donde se estrenen. Pinta aldeas y pintaras el mundo, podríamos decir también al hablar de ellos.

En este caso nos encontramos con Jeffrey Lebowski, un perdedor nato que pasa sus días sumergido en la más completa inercia jugando con sus amigos al bowling, hasta que es confundido con un socías (David Huddleston), un millonario que le termina endilgando sus conflictos a él. Pero claro, un Lebowski es muy distinto al otro y la película está dedicada al primero que prefiere que lo llamen “The Dude” o “His Dudeness”, “Duder” o “El Duderino”.

En este rol se luce Jeff Bridges que, como cualquier actor que interpreta a un personaje que luego se vuelve clásico, resulta absolutamente ireemplazable. “The Dude” es un hombre superado por las circunstancias, sometido a una serie de hechos en los cuales el no tiene decisión alguna. Su escasa voluntad frente a la vida hace que se lo confunda con otros, que se lo utilice para ilícitos o que se lo tome por un simple donante de esperma.

Lo curioso es que luego de participar de sus aventuras y padecerlas y reirnos de lo que le pasa, nos queda la duda: ¿Cuál es el verdadero Gran Lebowski?, ¿El multimillonario que vive una vida rodeada de lujos, vicios y obsecuentes?, ¿O “The Dude” y su forma despreocupada y carente de toda obligación de simplemente pasar por la vida? Cualquiera de nosotros se sentirá más cercano del ser más volátil y con menos control de su vida.

Los que vemos las cosas salirse de nuestras manos siempre seremos más. El acierto de Joel y Ethan Coen pasa en parte por elegir a un elenco impecable que suma además a los maravillosos John Goodman como el amigo del protagonista y Julianne Moore como la hija del millonario, y cuenta con actores de lujo en papeles pequeños (Steve Buscemi, Philip Seymour Hoffman, Ben Gazzara, John Turturro, Sam Elliott, David Thewlis o Jon Polito).

Los Coen construyen un guión impecable que con diferentes y muy ingeniosas vueltas de tuerca, originadas casi siempre porque vemos los diferentes puntos de vista que poseen sólo una parte de la verdad, como en la vida misma. El uso de colores fuertes en los escenarios, y la fotografía del siempre excelente Roger Deakins, sumados a la eficiente dirección marca de la casa forman un todo que nos llevará a verla más de una vez.

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“HRA O JABLKO” de Vera Chytilova
Las idas y vueltas del amor

El juego de la manzana. Ese es el título de esta pelicula de esta inquieta realizadora checa que nos muestra a un personaje femenino, Anna (la muy natural Dagmar Blahova), en busca del amor. Del amor verdadero.

Una enfermera un poco torpe que tiene una sola habilidad: sabe como nadie traer bebes al mundo. Una mujer que en su vida privada no tiene puesta su atencion en los reclamos morales de la sociedad. Que vive un romance con Joseph, un hombre casado (el director Jiri Menzel) que es medico en su hospital.

El humor y la comprensión del universo de la mujer dado a traves del guion de la propia Chytilova y Kristina Wachovi guian a la pelicula por un camino ameno y hace que compartamos todas las idas y vueltas de los dos personajes protagonicos.

Es interesante ver como Anna se comporta respetando ciertos arquetipos femeninos y a la vez rehuye a otros que seguramente la harian menos libre de lo que es. No se calla nada y pelea por lo que siente con actitudes propias de su sexo. Aunque quiza descubra que esa pelea no tiene demasiado sentido.

La potencia visual que la directora imprime a sus imagenes y su experimentacion resultan ideales para contar la historia de esta mujer que descubre la verdad detras de su relacion y su propia fuerza para enfrentarla.

Al elenco lo completan Jiri Kodet como el hermano un poco celoso de la protagonista y Evelyna Eteimarova como la mujer de Joseph, que tambien toma decisiones, que lejos de estancarla en la misma vida, la llevan hacia adelante.

Chytilova ha dicho: “Todos hacen lo que pueden para evitar pensar. La haraganería es básica en el ser humano. La gente no termina de ser humana hasta que no obtiene placer del pensamiento, solo una persona pensante es un ser humano completo.” Y ella provoca ese estado.

Es revitalizante ver peliculas que tienen esta energia, que poseen esta fuerza y  que no estan atadas a los canones normales en los que estamos acostumbrados a ver a las mujeres en el cine. Vera Chytilova sin duda es una fuerza creadora a la que es imposible sustraerse.

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“THE CONVERSATION” de Francis Ford Coppola
La ética del espía

¿Existe una moral en el espía profesional? La respuesta que da esta película es clara: Definitivamente no. Los actos de seguir, escuchar y mirar a los demás sin su consentimiento es según Francis Ford Coppola un acto de inmadurez, que tendrá sus consecuencias en la vida futura de quien lo haga.

La culpa comienza a perseguir a Harry Caul, un maestro de espías en su crisis de la mediana edad. ¿Y si hubiera sido él el que condenó a muerte a algunas personas que investigó? Además su vida privada se ha visto afectada por la constante paranoia. ¿Amarías a una persona que no puede decirte lo que siente por tí? Pregunta Caul.

La gente que se dedica a este negocio necesariamente debe ser amoral, o en términos menos éticos, inconscientes. Personas que no se enteran que a quienes persiguen son personas igual que ellos. Que no se enteran, o se quieren enterar, de las consecuencias de sus actos, no por el castigo divino o de los hombres, sino por una razón de simple empatía.

La falta de humanidad de personajes de este tipo, hace pensar en el juicio al que se someten y someten a los demás, porque estaríamos hablando de gente con una especie de desviación que supongo que ellos se atreverían a definir como su “moral” que resultaría de una hipocresía y perversidad muy singulares.

Harry Caul espía a una pareja y se siente culpable por ello, pero no parece tener salida. A llegado al final de la línea pero no puede escapar, está encerrado en un círculo vicioso que probablemente lo lleve a tomar alguna decisión extrema. Luego de este último seguimiento a una pareja, sus ojos se han abierto definitivamente.

“El voyeurismo es el perfecto refugio del reprimido” ha dicho Coppola, que considera esta como su película más personal: ”Fui capaz de escribir una historia original que era importante en ese momento para mí y hacer un filme que representaba una dirección personal de hacía dónde debía encausar mi carrera”.

La puesta en escena y el cuidado en el armado de un meticuloso guión, el trabajo de sonido del excepcional Walter Murch, el montaje de Richard Chew y las actuaciones de Gene Hackman y John Cazale son todos factores que contribuyen a hacer de este filme uno de los policiales más memorables de todos los tiempos.

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“COMME UNE IMAGE” de Agnès Jaoui
La comedia sutil e inteligente

Un escritor consagrado, su hija cantante, su profesora de canto y el marido de ésta, un escritor poco conocido, son los personajes centrales de esta película que habla de muchas cosas, sin marcar las tintas sobre ninguna, con la liviandad y profundidad que son marca del dúo de guionistas conformado por la pareja Agnès Jaoui-Jean Pierre Bacri, que aquí se hacen cargo de dos de los personajes protagónicos.

La falta de atención a los sentimientos del otro parece ser el gran tema que aglutina a este grupo de personajes que viven sus vidas entre elogios, pretensiones y vanidades. Una vez adquirido cierto lugar y cierta seguridad en su profesión, las personas son proclives a volverse cada vez más sobre sí mismos hasta encerrarse en una especie de “mundo hecho a medida”, en el que todo funciona porque ellos existen.

Dentro de ese mundo no hay lugar para otras personas, ni siquiera las más cercanas. Sin embargo hay otras que intentan acercarse y que en el proceso de pertenecer a ese “mundo hecho a medida de”, dejan ciertas cosas que tal vez no deberían olvidar, de lado. Son capaces de tener actitudes amables con quienes no la tendrían en una situación común o dejar de lado a personas que las han apoyado desde siempre.

Por otro lado vemos inseguridades. Las de los personajes más “débiles” se hacen más evidentes ya que de alguna forma dependen más de la aprobación de otros. Así el no saber si el interés en tu persona es por tí mismo o por lo que significas en esa élite, el tener un problema de sobrepeso, o simplemente depender totalmente del juicio de los otros para saber si tu trabajo vale la pena, se convierten en temas centrales de sus vidas.

Tratar de encontrarle una salida a estos pequeños grandes dilemas parecería ser la intención de esta propuesta de Agnès Jaoui, que consigue así otro trabajo medido y de impacto emocional. La sutileza y madurez de la historia hace que la dureza con la que se tratan los personajes se muestre como parte del género humano y de sus motivaciones psicológicas que son complicadas, no necesariamente buenas, ni malas.

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“ESPERANDO LA CARROZA” de Alejandro Doria
Vida en familia

Basada en la obra teatral del gran dramaturgo uruguayo Jacobo Langsner, esta historia, la historia de los Musicardi, nos resulta muy cercana. Trata sobre una mujer de edad desconocida -tirando a vieja-, Cora, que desaparece de la casa de su hijo mayor y lo que esto genera.

Todos los resentimientos guardados en el interior de esta familia, pertenecientes a diferentes clases sociales, con diferentes carácteres y humores salen a la superficie en una situacion extrema que genera un clima grotesco, patético y gracioso a la vez.

La falta de preocupacion por el otro, los amorios escondidos, la competencia entre vecinos, las relaciones con el poder y el egoismo que domina las relaciones en general, quedan al descubierto de una forma evidente en este filme dirigido con muchísima habilidad dramática por el talentoso director argentino Alejandro Doria.

Nos reímos y luego pensamos ¿de qué nos reímos? La pelicula posee un poder de identificacion con el espectador como pocas veces se ha conseguido. Los diálogos y las situaciones llevan a una completa mimetización con la vida de estos personajes. “- De nosotros, me rio.” Dice un personaje justo en el final y es así.

Una propuesta que obliga a pensar desde la risa comportamientos que resultan a la larga en relaciones llenas de inseguridades, rencores o intereses que poco hacen para que la vida en general sea lo civilizada que tendríamos que tratar que fuera.

El elenco está simplemente impecable, desde los protagónicos -Betiana Blum, Luis Brandoni, Julio De Grazia, Antonio Gasalla, Juan Manuel Tenuta, Mónica Villa y China Zorrilla- hasta los secundarios -a cargo de Andrea Tenuta, Lidia Catalano, Cecilia Rossetto, Enrique Pinti y Dario Grandinetti-. Y no es menor el aporte de la música interpretada por Feliciano Brunelli.

Varios famosos han dicho saberse de memoria todos los diálogos de la pelicula y no es extraño, a todos los que la vimos más de una vez nos pasa algo parecido. Una pelicula que resulta entrañable y de la que todos nos sentimos un poco parte, para bien o para mal.

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“ÉL” de Luis Buñuel
La enfermedad en los celos

Don Francisco es un hombre respetado en la comunidad a la que pertenece. Es un hombre poderoso enraizado en los cimientos de la alta sociedad. Un dia conoce a Gloria, una mujer que se esta por casar y todo cambia para el. Sabe que ha encontrado al amor de su vida. A esa persona que le esta destinada para siempre. Esa persona que pasara a ser de su propiedad.

A partir de aqui el magistral Buñuel nos introduce en el mundo de un paranoico, una persona que vive perseguida por sus propios fantasmas. Alguien capaz de creer que todo se ha vuelto en su contra y que todos se burlan de su persona. Que es capaz de mantener una fachada moral frente a los demas y ser victima de terribles inseguridades y desconfianzas. Creerse superior y tener, paradojicamente, un gran complejo de inferioridad.

La pelicula termina siendo una parodia, una burla a esa sociedad que alaba y entroniza a cualquiera que muestre una actitud correcta, sin deternerse a observar mas de cerca al destinatario de semejante elogio. Un halago de las formas, del “don de gente”, del protocolo, de los modales con mayuscula y del respeto ganado a base del dinero y la herencia.

Todo en la pelicula funciona perfectamente, desde los angulos de la camara, pasando por la musica de Luis Hernández Bretón, la fotografia de Gabriel Figueroa y el montaje de Carlos Savage y Alberto Valenzuela. Los protagonistas, Arturo de Cordoba y Delia Garces, cumplen con dos actuaciones consagratorias y el guion del propio Buñuel y Luis Alcoriza basado en una novela de Mercedes Pinto es impecable.

“El es una de mis peliculas preferidas. La accion podria desarrollarse en cualquier parte. Es el retrato de un paranoico. Este tipo de persona nace asi. Interpretan la realidad en el sentido de su obsesion, a la cual se adapta todo.” Con estas palabras la describe Buñuel y aclara ademas que en su momento fue un fracaso de critica y publico. Y uno se pregunta hacia que lado miraba la gente en ese momento.

Una pelicula que ha llegado intacta a nuestros dias. Reconocible en actitudes cotidianas de la gente en mayor o menor medida. De la gente con actitudes aprendidas de memoria, para hacer lo que corresponde, por falta de verdadera madurez. Cabria inclinarse frente al director, si no supieramos que el se hubiera reido sin lugar a duda de semejante formalismo.

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“LUCÍA Y EL SEXO” de Julio Medem
La intensidad de las emociones

Lucia es una mujer valiente, de las que se llevan el mundo por delante. En el momento en que conoce a su novelista admirado le propone irse a vivir juntos. Y el acepta. A partir de alli viviran una relacion guiada por la honestidad y el sexo. Lucia y Lorenzo construiran un mundo a su medida.

En ese mundo se inmiscuiran a su manera Elena, un ligue del pasado que ha tenido consecuencias, y Belén, niñera hija de actriz porno, que lograran conmover a su manera el mundo de Lorenzo y, por lo tanto, el de Lucia. Amores cruzados. Deseos que no se quieren controlar. Deseos controlados por motivos ajenos.

Amores de madre, de padre, de hija, de amantes, de amigos. Emociones mezcladas con el sexo. La vida. Gente que no se queda en la mediocridad, que se involucra y vive lo que siente. Como le sale, lo mejor que puede. Aunque los acechen cosas que acechan a todos. Aunque la tragedia este cerca y los alcance en un momento inesperado.

Paz Vega consigue una fuerte composicion en el personaje del titulo al igual que Tristan Ulloa como el escritor. Nawja Nimri y Elena Anaya no desentonan en dos caracterizaciones sustanciosas. Javier Camara, Daniel Freire y la niña Silvia Llanos en el papel de la hermosa Luna resultan fundamentales en papeles de menor desarrollo pero no importancia.

La música de Alberto Iglesias que incluye los temas ‘Un rayo de sol’, ‘Mr. Hyde visita el tunel del amor’, ‘Yo marco el minuto’, ‘Give me the seventies’ y ‘Romance de Curro El Palmo’ por Fangoria, Mala Rodríguez, Jean y Antonio Vega resulta la adecuada para cada uno de los momentos vividos por estos particulares personajes.

Julio Medem construye un guion perfecto en el que mezcla flashbacks, fantasias privadas y  momentos de inspiracion del autor con un gran tacto, mientras que la direccion de camaras se muestra inspirada y firme a la vez.

La desafiante fotografía de Kiko de la Rica que se arriesga con quemados de la imagen y la edición excelente de Ivan Aledo son dos puntos altos de esta produccion arriesgada y fuera de la norma, como las que Medem suele emprender con frecuencia.

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“BEETLE JUICE” de Tim Burton
Fascinantes mundos paralelos

Un universo propio. Destreza y fluidez al manejar la camara. Grandes escenarios y actores puestos al servicio de la imaginacion. Tim Burton es sin duda una de los fenomenos mas fascinantes del cine de hoy. Aceptado y adorado por igual por la critica y por el publico, lo ha logrado además con historias particulares e ingeniosas.

La muerte de una pareja (los ajustados Alec Baldwin y Geena Davis) en un tonto accidente de auto es el punto de partida. Luego vendran los esfuerzos de esta pareja ya convertida en sendos fantasmas y sin poder abandonar su casa para deshacerse, a traves de la ayuda del fantasma gilipollon del titulo (Michael Keaton), de la familia que ha adquirido el lugar (Jeffrey Jones y las maravillosas Catherine O’Hara y Winona Ryder).

A partir de alli todo es delirio. Y la forma en que lo conduce Burton es a la vez simple y elaborada. Como pasa de una maqueta al mundo real y de alli al mundo de los muertos con una naturalidad de la que mas de un realizador torpe de hoy seria simplemente incapaz de concebir, es admirable. Por su parte el guion de Warren Skaaren y Michael McDowell basado en una historia de McDowell y Larry Wilson ayuda con sus dialogos ingeniosos a que el ritmo se mantenga y logra un equilibrio entre sus partes.

La direccion artistica de Bo Welch le rinde sendos homenajes al maestro del cine Hitchcock -en la concepcion de la casa- y al maestro de la pintura Dali -en el mundo exterior a la casa que solo los fantasmas pueden ver-. Los efectos visuales de Peter Kuran y el maquillaje de Ve Neill son dos puntos altos de la producción. Y Sylvia Sidney y Glenn Shadix terminan de conformar la plana mayor del elenco con dos graciosos personajes.

Un derroche de energia visual con varios de los topicos del cine de Burton que pasa a ser un clásico contemporaneo de esos que queremos volver a ver cada cierto tiempo. Es que desde el principio nos hemos sentido identificados con sus deliciosamente monstruosas criaturas que tienen mucho de humanas. Criaturas burtonianas que hechariamos de menos si decidiera hacer una pausa demasiado grande en su carrera. Sin siquiera darnos cuenta el despeinado Tim a ocupado un lugar no solo en el universo cinematografico, sino tambien en nuestros corazones.

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“LA PELLE” de Liliana Cavani
Lo indecible de la guerra

El ser humano en tiempos de batalla es capaz de sucumbir a los mas bajos instintos con una naturalidad pasmosa. Es capaz de soportar cosas que no soportaría en otros momentos de mas calma social. Esto nos dice este filme de la por cierto habituada al tema en su filmografia Cavani.

Escena Uno: el italiano coronel protagonista (Marcello Mastroianni) imita a la máxima autoridad de su ejercito frente a un soldado estadounidense que muere lentamente con sus tripas al aire tirado en el suelo, luego de pisar una mina apurado por hacer sus necesidades físicas.

Escena Dos: luego de que su general (Burt Lancaster) a prohibido la pesca en la costa del lugar donde se encuentran, el mismo coronel hace servir en una cena en honor a la recién llegada piloto y mujer de un funcionario estadounidense (Alexandra King) un plato muy especial: sirena.

Escena Tres: una cola interminable de soldados se turnan para ver y tocar de cerca a una muchacha virgen del lugar con permiso de su padre y el desconocimiento de un joven soldado enamorado de ella (Ken Marshall).

Asi una tras otra se suceden imagenes que sorprenden por diferentes motivos, algunas por lo que muestran, otras por sus diálogos u ocurrencias. Un filme realmente original que se maneja al borde con mucha naturalidad entre el drama y la comedia negra, negrisima.

Lo terrible puede ser gracioso. El humor se esconde detras de los actos mas macabros. La pelicula nos dice eso todo el tiempo. En los momentos mas horribles de la historia se pueden encontrar situaciones que nos hacen reir de lo peor de la humanidad.

Rubros técnicos impecables, una cámara siempre atenta de la directora y un guión casi perfecto de la misma Cavani, Robert Katz y Catherine Breillat inspirado libremente en las aventuras narradas por el coronel Curzio Malaparte en la novela que lleva el mismo titulo que el filme. Y Claudia Cardinale como objeto de deseo.

Un viaje a lo que no se quiere ver. Un filme con momentos inolvidables y sumamente apasionante. Siempre es bueno cada tanto redescubrir a los grandes y Liliana Cavani esta entre ellos.

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“EL DEPENDIENTE” de Leonardo Favio
El hombre medio

Fernández (un estupendo Walter Vidarte) es un pobrecillo dependiente que vive su vida ensimismado en un pequeño mundo constituido por una ferreteria. Pero ese mundo no es suyo. Y el aspira y espera que alguna vez lo sea. Tiene todos los días la misma rutina e incorporada en ella conoce a una mujer, la señorita Plasini (Graciela Borges).

La señorita Plasini sale a la puerta de su casa todos los dias. Pero solo hasta alli. Al igual que Fernandez, su mundo esta reducido en este caso a una casa en la que vive con su madre (una divertida Nora Cullen). Ninguna de las dos se mueve de la casa. Viven dentro de ese cerco que rodea su patio.

Asi dadas las cosas, Leonardo Favio y su hermano guionista y autor del cuento original Jorge Zuhair Jury, logran construir un relato inteligentisimo y divertido basado en el ser humano y sus mediocridades y patetismos. Y en sus represiones y rarezas. Porque todo ser humano por mas normal y adaptado que se crea posee una cuota de extrañeza.

La unica que parece tener un poco de vida propia es la madre de la señorita Plasini, que dice haber hecho algo durante su pasado de lo que vive arrepintiéndose. Esta mujer se permite escuchar música, beber y hacer volar a su gato por los aires. Es el alivio cómico de la pareja que por su parte vive tensionada.

En estos personajes uno ve reflejada la vida cotidiana de la mayoría de las personas. Su forma de relacionarse, de actuar por lo que la mirada del otro le dicta. Fernandez y Plasini viven pensando en que dira tal si lo ve haciendo tal cosa o tal otra. Viven por el juicio de los demas. Se estructuran por él. Se reprimen por él.

Al final del filme uno termina encariñado con estas criaturas y llega a lamentar que cierta extrañeza de uno de los personajes, que parece tener problemas con la autoridad de turno y que se extrema hacia el final, estropee su tranquila y normal existencia. Una pequeña maravilla, una gran obra cinematográfica de Leonardo Favio.

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“STROSZEK” de Werner Herzog
Un idiota adorable

Sale de la cárcel luego de su enésima borrachera. Lo maltratan casi diariamente un par de delincuentes, a el y a su muy especial mujer Eva. Stroszek (un admirable Bruno S.) se dedica a tocar instrumentos que guarda en su casa y a pasar el rato con su amigo Scheitz.

Un dia, hastiados de ese Berlin hostil, deciden partir los tres hacia Estados Unidos, mas especificamente a Wisconsin, buscando su particular ‘american dream’. Al llegar viviran varias experiencias en las que descubriran que aunque en tierras lejanas, ellos siguen siendo los mismos.

Comparado con varios animales domesticos Stroszek se convierte en un ser querible que trata de sobrevivir de cualquier modo, aunque su principal sosten es su mujer de la que parece ignorar a que se dedica.

A los protagonistas debemos sumarle a un coro de personajes que van desde un cobrador de deudas de un banco con un comportamiento muy especial, hasta un rematador que toma  excesiva velocidad en su dicción.

Retrato de un artista, un inventor y una chica de la calle muy especiales, la pelicula se constituye en una vision ironica de ciertos comportamientos ridiculos humanos, en cuya caricatura Herzog es un experto.

El director nos entrega otro retrato demoledor y a la vez gracioso de esa humanidad que busca simplemente llegar, sin saber donde ni por que. Estos personajes son menos ambiciosos que otros de su filmografia, pero no dejan de ser igualmente necios o cortos de entendederas.

Herzog nos dice una vez mas que por mas lejos que intentemos ir nunca podremos escapar de nosotros mismos, ni de nuestras limitaciones. El deseo de ir mas alla, a la larga solo nos deja frustracion y nos encierra en un circulo vicioso de estupidez.

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“JU DOU” de Zhang Yimou
Secretos que destruyen

Yang Jin-Shan es un autoritario e impotente dueño de una tintoreria en la antigua China que compra una mujer, Ju Dou para que por fin le de un hijo luego de que otras han fracasado segun el, en la tarea. Jin-Shan tiene un sobrino, Tian-qing, que ha sido adoptado por el aunque no lleva su sangre, sobre todo para explotarlo en su negocio como su unico empleado.

Las cosas se complican inmediatamente y Jin-Shan comienza a maltratar físicamente a Ju Dou que comienza a acercarse a Tian-quing. Este es el comienzo de esta película apasionante que observa muy de cerca lo que un entramado de mentiras puede hacerle a una familia.

Esos engaños que comienzan a surgir, provienen de las tradiciones chinas de esa epoca que no tenian en cuenta, como aún sigue pasando hoy con algunos ferreos moralistas que suelen tener edades menores de las que seria de esperar; que solo somos seres humanos con sentimientos o conductas que resultan a veces ingobernables porque están en nuestra naturaleza.

El ser demasiado duro con el otro para que cumpla nuestras expectativas lleva a que ese otro mienta o actue de formas en las que no necesariamente querría actuar. Eso es lo que pasa con Jin-Shan y su relacion con Ju Dou y Tian-quing. Para complicar mas el asunto nacera Tian-bai, un hijo de Ju Dou, que también será víctima de las circunstancias.

El guión de Heng Liu esta muy bien estructurado en su tensión contínua entre los personajes, aspecto en el que ayuda el montaje de Yuan Du. La fotografía de Changwei Wu y Lun Yang y la dirección artística de Juiping Kao y Xia Rujin ayudan a crear el ambiente de opresión que se vive dentro de la tintorería. Así como el paso del tiempo esta acompañado por un excelente y sutil maquillaje que no distrae de la historia. La excelente Gong Li (Ju Dou) y los muy buenos Li Baotian (Tian-qin) y Li Wei (Jin Shan) son los elegidos por Yimou para interpretar esta historia.

Un Zhang Yimou en estado de gracia con una simpleza en la anécdota que caracteriza su cine y un manejo del suspenso que demuestra otra vez que es uno de los grandes maestros del cine actual. Un verdadero artesano de la imagen y un gran contador de historias.

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“BULLETS OVER BROADWAY” de Woody Allen
El oficio equivocado

¿Qué razones llevan a una persona al lugar equivocado? ¿Por que terminan en profesiones que no son las suyas? Medio social. Educación. Familiares. Amistades. Caprichos. Todas esas pueden ser respuestas válidas y algunas lo son en esta brillante comedia del genial Woody Allen.

Un escritor cerebral y aburrido que quiere estrenar su obra, una estrella en decadencia que necesita volver al escenario, la corista falta de talento novia del gángster productor de la obra y el maton encargado de cuidarla son los personajes que llevan la accion de esta historia que toma cursos inesperados y disparatados.

Tanto David el escritor (un ajustado John Cusack), como Olive la corista (una Jennifer Tilly impecable) o Cheech el maton (un creíble y humano a pesar de todo, Chazz Palminteri) estan en un lugar que no les corresponde y cada uno de ellos terminara sabiendolo de una forma u otra. Esta comedia repleta de diálogos impecables, como los que siempre escribe el guionista-director, en esta oportunidad con alguna ayuda de Douglas McGrath hace que por medio de la risa se puedan pensar temas en el fondo serios, otra vez como en la mayoría de la filmografia de Allen.

Tanto este aspecto como la acida vision del mundo del espectáculo encarnado sobre todo en el personaje de Helen Sinclair (la no menos que magnífica Dianne Wiest, en un personaje-homenaje a la Norma Desmond de “Sunset Blvd.”) estan presentados de una forma tan clara e irónica como solo los grandes son capaces de hacerlo. Y la ironía no solo abarca a los miembros del showbusiness sino que también va para los autodenominados artistas que no se quieren vender, que son mostrados de una manera divertidísima. Por ejemplo cuando uno de ellos interroga a los demás diciendo: “Si tuvieras que elegir entre salvar a una persona desconocida o a un ejemplar unico de una obra de Shakespeare de un incendio. ¿A cuál de las dos salvarías?”

Los rubros artísticos funcionan impecablemente en un filme que se acerca a la perfección. La fotografía de Carlo Di Palma, el vestuario de Jeffrey Kurland y la dirección artística del consagrado Santo Loquasto, junto al resto de los actores: Joe Viterelli, Tracey Ullman, Jack  Warden, Jim Broadbent, Mary Louise Parker, Rob Reiner y Harvey Fierstein se suman al delirio y componen un cuadro de época notable.

Si todas las comedias fuesen como las de Woody al verlas serian lo mas parecido al placer de una noche de buen sexo, la risa siempre es buena y liberadora. No lo son. Lástima para el pobre humor que hoy se muestra en el cine de Hollywood, lástima que no todos nos riamos de estupideces. Que muera el cine idiota. Que viva Woody Allen.

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“WEEK-END” de Jean-Luc Godard
Cine=Imaginación=Anarquía

Godard. Para la mayoría esta todo dicho. El solo poner su nombre asegura una gran pelicula. Se repite, no esta de moda, es solo parte de la historia. …No para mi.

COMPRAR CONOCIMIENTO SOLO PARA REVENDERLO. Week-end es un filme impresionante. SIENTO QUE HA LLEGADO EL MOMENTO Escenas que tienden a quedarse contigo durante largo tiempo. Declaraciones panfletos. CONOCIMIENTO BARATO PARA VENDERLO COMO BENEFICIO. ¿Quien fue el imbécil que dejo la puerta abierta?

Accidentes automovilisticos, muchos accidentes automovilisticos. DE VOLVER A LA TIERRA BRUTAL DEL HOMBRE Y una burla al viajero de fin de semana, a lo establecido, a lo salvaje, a lo superficial, al canibalismo. …Enseguida vuelvo.

NO QUIERO NADA EN EL CAMINO DE MI VICTORIA. Movimientos de camara para contar lo justo en el momento justo. CONSCIENTES DE NUESTRO DEBER Música por Antoine Duhamel, que se alza por encima del diálogo que desaparece. Un pequeño concierto de piano. …¿Quien dijo que yo puedo escribir criticas?

NO QUIERO QUE ME OPRIMAN QUIERO OPRIMIR. Y Mireille Darc, Jean Yanne, Jean-Pierre Kalfon y Jean Pierre Léaud y canciones. Cuerpos desnudos, animales mutilados. …No se si vuelvo a escribir.

CUMPLIR NUESTRO DESTINO EN LA TIERRA Las imagenes, Raoul Coutard, coloridas y sangrantes, con el sentido que adquieren cuando se les imprime el ritmo correcto debido a Agnès Guillemot. NO QUIERO PROGRESO QUIERO SER PRIMERO. El sonido de autos al estallar, disparos, bocinas, miles de bocinas debidas a René Levert. …Enseguida termino.

SI TE LO QUIERES COGER, CÓGETELO, SI LO QUIERES COMER, CÓMELO. Fila interminable de autos en una escena inolvidable para la historia del cine. Una despiadada vision del mundo y de la raza humana. Y el cine consciente de si mismo. El cine de Godard.

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“THE AGE OF INNOCENCE” de Martin Scorsese
Decisiones erradas

La aceptación de una vida social burguesa conlleva ciertos renunciamientos que la persona corriente esta dispuesta a aceptar casi sin titubear. La opcion seria, segun ellos, demasiado riesgosa. Es mas comodo y tranquilo elegir el camino que eligen todos, el mas transitado, el que nos facilita reglas que todos respetan (incluso cuando las rompen), aunque esas reglas a la larga generen inmensidad de problemas que todos aprenden a amar.

Reglas dictadas por convenciones que vienen dadas por limitaciones con las que se nace y no se atiende en superar, que se convierten en las reglas sociales que rigen el comportamiento.

Newland Archer y May Welland son ese tipo de personas. Ni uno ni el otro parecen cuestionarse su lugar en la sociedad. Tampoco lo hace el personaje condenado por esa sociedad, el de Ellen Olenska. Ninguno protesta, se alza contra lo que lo convierte en un individuo encasillado, en un tipo que lo encierra en una trampa, un juego de apariencias. Edith Wharton autora entre otros del cuento “El ultimo recurso” (“…A veces el demonio ronda en el fondo de algo inesperado, lo que no impide que una mujer ronde tambien por ahi. Suelen estar en el mismo sitio como la lechuza y la marmota de los libros de historia natural de mi juventud”.), nos revela estas aristas y Scorsese junto a su guionista Jay Cocks aprovechan para un mundo bastante poco mostrado, aunque aprendido.

La eleccion de esa voz en off (la siempre excelente Joanne Woodward) que nos marca y remarca cada detalle hasta hacer que pierdan todo significado. La direccion de actores (los brillantes Daniel Day-Lewis, Michelle Pffeifer y Winona Ryder). La puesta de camaras en escenas como la de la cena, con esas velas enmarcando los rostros que recuerdan al gran maestro Hitchcock, hacen que Scorsese se nos presente como el director de primera linea que es. La ambientacion y el vestuario, rubros no habitualmente tratados en la filmografia del director en ese momento, funcionan perfectamente en la historia al igual que la fotografia de Michael Ballhaus o los titulos del comienzo del gran Saul Bass (y su esposa Elaine) con esas flores abriendose mezcladas con los mas finos encajes.

Todo a favor de una gran historia contada como debe ser. Como dejar de lado por ejemplo, ese racconto del paso del tiempo con la camara girando sobre su eje en el estudio de Newland,… En fin, Scorsese en sus mejores galas, no habituales en el, pero con el estilo unico de un maestro indiscutible.

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“THE HIT” de Stephen Frears
Recorrido camino a la muerte

Una película sin mayores aspiraciones que convence en todos sus rubros. El director Stephen Frears propone con esta road movie de ladrones un mundo que adelanta (fue filmada en 1984) el luego conocido como “estilo tarantino”. Historia de traiciones en un mundo donde la palabra dada puede romperse en cualquier momento. Todo comienza en un juicio donde varios integrantes de una banda son juzgados por varios robos cometidos y donde uno de ellos delata a los demas que le cantan -literalmente- “nos volveremos a ver”.

La cosa sigue un largo tiempo despúes cuando uno de los jefes manda a matar al delator, Willie Parker (Terence Stamp). Los encargados de hacerlo son Braddock (John Hurt) y Myron (Tim Roth). El camino que emprenderan estos tres personajes mas una mujer, Maggie (Laura Del Sol), llevada como rehén luego de una accidentada visita, sera un viaje que los lleve, y nos lleve a conocerse y conocerlos hasta llegar a un final con mucho tiro y sangre -que tampoco escasea en el trayecto- como corresponde.

Una historia narrada con un humor muy particular que deja entrever las diferentes facetas de cada uno de ellos. Descubriremos a un homosexual supuestamente seguro de si mismo, un paranoico impulsivo, un duro con corazón blando y una mujer fuerte dispuesta a defenderse contra quien sea.

Con musica de Paco de Lucia y la canción del comienzo escrita e interpretada por Eric Clapton con la colaboracion de Roger Waters que marcan la accion sin estridencias, el montaje del habitual Mick Audsley y un guion de Peter Prince -novelista y colaborador de Frears en sus programas televisivos- que se ajusta a las necesidades del genero, es una maravilla a ser descubierta.

Y nos hace desear igual que a su director alguna vez -lo ha dicho en alguna declaración- que algún día retome otra historia por el estilo, por supuesto con las diferencias logicas de historia a contar y experiencia ganada como técnico en este tiempo.

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Críticas/Notas/Investigación/Especiales/Recopilación Entrevistas por:

GERÓNIMO ELORTEGUI

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