El espectador por Raúl Ruiz

Debo confesar de buena gana a ustedes que la razón principal que me condujo a interesarme en la naturaleza de la cinematografía fue mi incapacidad para descubrir cuándo una película es buena y cuándo es mala. Razón a la cual yo agregaría la siguiente: ¿cómo estar seguro de que una película se termina sin que se vea aparecer en la pantalla la palabra “fin” en cierto momento?

He llegado a hacerme a la idea, con el tiempo, de que el espectador actual de cine es un connaiseur en el sentido que le da Walter Benjamín, a saber, que lo propio del cine de los deportes es que sus espectadores comprendan lo que pasa, al punto de poder anticipar los hechos, en virtud de una capacidad de comprensión adquirida o intuitiva de las reglas en cuestión (las reglas de una narración cinematográfica son verosímiles, es decir, hechas para ser creídas, fácilmente legibles, puesto que deben ser idénticas a la del juego social dominante).

He aquí por qué el cine comercial presupone una comunidad internacional de conocedores, así como un conjunto común de reglas del juego social. Se puede hablar, en ese sentido, del cine comercial como el espacio social totalitario por excelencia.

Imaginemos ahora un espectador que, incapaz de seguir el hilo de la historia de una película, sólo hallará interés en las formas involuntarias que se han deslizado furtivamente en ella. Un tal espectador, suerte de delincuente visual, seguiría entonces una película compuesta de detalles obsesivos. Permítame que me cite yo mismo como ejemplo.

Fui espectador durante años de películas “grecorromanas” (aquellas de tema antiguo, con cristianos arrojados a los leones, emperadores enloquecidos de amor, etc.). El único interés que yo encontraba en ellas era el de descubrir aviones y helicópteros pasando en el plano de fondo. Toda mi atención estaba en dar con el eterno DC6 cruzando el cielo en el momento de la última carrera de “Ben Hur”, de la batalla naval de “Cleopatra” o de los banquetes de “Quo vadis”. Ese era mi fetichismo singular. Para mí todas esas innumerables historias grecorromanas formaban parte de la historia única del viaje del helicóptero volando discretamente, pasando de una película a otra.

Raúl Ruiz, Poética del cine, Editorial Sudamericana.

****

Críticas/Notas/Investigación/Especiales/Recopilación Entrevistas por:

GERÓNIMO ELORTEGUI

copyright 2006/2008

Anuncios