El libro de los sueños del director italiano, ahora reeditado en una versión de lujo, es una nueva propuesta que sirve para verificar una vez más la relación entre el psicoanálisis, la estructura de los sueños y el séptimo arte. Durante años Federico Fellini registró con notas, dibujos y pinturas algunos de sus sueños más perturbadores, entre los que se cuelan fragmentos distorsionados de sus propias películas. Su flamante edición especial y de lujo pesa nada más que 8 kilos, es limitada y numerada.
Por ahora se vende en poco más de 300 librerías italianas en el módico precio de 300 euros. El gasto quizás vale la pena, sin embargo también se consiguen ediciones sustancialmente más baratas. “Il libro dei sogni” o “El libro de los sueños” es uno de los dos textos que el director italiano Federico Fellini escribió a pedido del psicoanalista jünguiano Ernst Bernhard. Allí anotó con detalle sus sueños durante más de 30 años.
Así nació el proyecto del diario onírico en el que Fellini registró sus encuentros con Morfeo desde principios de los años 60 hasta 1990. El realizador de “La strada”, entre otros recordados filmes, dibujó, pintó y apuntó rápidamente los desvaríos de su inconsciente genial. Allí, según testimonian las más de 500 páginas se registran encuentros con ilustres y desconocidos personajes, además de importantes sucesos del siglo pasado.
Se encuentran también referencias a sus propias películas y personajes de la talla de Anita Ekberg, Henry Kissinger, Juan Pablo II, Ingmar Bergman, Orson Welles, Salvador Dalí y Sofía Lorena, que un obsesionado Fellini volvía e encontrar en sueños. “Oniricon”, el otro libro en el que el realizador de “La dolce vita” registró sus sueños, también fue editado por la misma editorial, pero en dimensiones más acotadas y a un precio más accesible, 95 euros. De ambas obras se tomaron las alrededor de 100 imágenes que fueron expuestas a partir del pasado 17 de octubre en el Auditórium de Roma, durante la muestra Fellini Oniricon, para festejar el Festival de Cine de la capital italiana.
La colección de dibujos también se expuso en el mes de agosto en Roma, en la sala de Cinecitta que lleva el nombre de Fellini, ante los ojos conmovidos de amigos y admiradores. Los 400 dibujos de “Il libro dei sogni” (el nombre con el que Fellini se refiría a sus dibujos), fue expuesto en ambas oportunidades gracias al esfuerzo de la Fundación Fellini de Rimini.
La colección es un inmenso festín para los fellinianos, a pesar de que no está completa. La serie de dibujos tiene un vacío temporal que va desde 1968 a 1974, el periodo en el que Fellini debió completar un volumen entero de dibujos perdidos, quién sabe si para siempre. Hay quien asegura que el maestro prestó esos dibujos a un estudioso americano del psicoanálisis, que no se los devolvió jamás y que ahora guarda un magnífico regalo para sus herederos…
En realidad, el diario del subconsciente de Fellini era un secreto desconocido para casi todos, guardado desde la muerte del cineasta en la caja fuerte de un banco romano. Sus titulares, en teoría, eran los seis herederos de Fellini y de su mujer, Giulietta Masina, que, por cierto, no son los mismos. Al parecer, poner a los seis de acuerdo para que vendiesen los dibujos a la Fundación Fellini no fue tarea fácil.
“Fue un proceso largo, extenuante y complicado, pero que valió la pena”, explica el director de la Fundación, Vittorio Boarini, que desea que los psicólogos de todo el mundo investiguen las relaciones entre la vida y la obra de Fellini. Su regalo, desde luego, es para ponerse las botas. El propio Fellini se convirtió en un gran aficionado a la psicología y a los asuntos del subconsciente. Bernhard había iniciado al genio en el estudio de la psicología de lo profundo y le había familiarizado con temas como la muerte y el destino del hombre tras ella.
Quizás por eso, quien preguntara al último Fellini si temía a la muerte o si creía en el más allá, recibía siempre la misma respuesta: «La inextinguible curiosidad que, noche tras noche, nos hace despertarnos cada mañana, acompañándonos durante toda la vida, no debería abandonarnos en el momento de la más desconocida de las experiencias humanas. Creer en el más allá, en la vida tras la muerte es, ante todo, un estimulante alimento para la fantasía».
Para él, los relatos del subconsciente eran parte fundamental de la existencia. “Dime qué soñaste esta noche”, preguntaba cada mañana al poeta y guionista Tonino Guerra y a sus más cercanos colaboradores, amigos, actores y comparsas. Y con ellos se mostraba, después, generoso en explicaciones sobre sus propios sueños, guiado por un genial instinto narrativo.
Bastaba decirle: “Federico, he tenido un sueño. ¿Te lo cuento?”. Y se le iluminaba la cara, como a un niño. Algún amigo incluso, como el escenógrafo Dante Ferretti (ganador del Oscar 2005 por la película El aviador de Martin Scorsese) llegaba a inventarse los sueños para ponerlo contento, “porque, si le decías que no te acordabas de lo que habías soñado, Federico se quedaba desilusionado”.
El director estaba convencido de que había dos vidas. Una con los ojos abiertos y otra con los ojos cerrados, hecha de personajes fantásticos y relatos mágicos. Su huella en este mundo son estas láminas pintadas con rotuladores, lápices de colores y pegamento en las que Fellini pescaba situaciones y personajes humorísticos o absurdos que más tarde reaparecían en sus películas.
Naturalmente, entre los protagonistas de estos sueños coleccionados con orden y constancia (y completados con un comentario autógrafos del maestro turinés) está también él: Fellini, retratado de mil maneras y con su mil miedos y fantasías eróticas. ¿Páginas picantes? Quizás sí, pero en Fellini nada es vulgar, todo se transforma en deliciosa ironía. Por ejemplo, el deseo de encontrarse con Sofía Loren y con su madre en un burdel. O en un circo, o en el Paraíso.
Cuando murió Federico Fellini, Giulietta Masina le pidió a Enzo Di Castro, su secretario de confianza, que le abriese su caja fuerte pero nunca quiso saber lo que contenía el Libro de los sueños de Federico. Ni siquiera quiso mirar los papeles cuando llegaron delante del notario. «Es mejor que nunca sean publicados», dijo, temiendo que pudiesen desvelar algún aspecto inconfesable del alma secreta de su marido. Por suerte, los dibujos han sobrevivido y lo que muestran hacen que todos añoremos aún más a Fellini.