Una falta de sincronización hizo que el que podía haber sido el invento más revolucionario del mundo del cine se quedara obsoleto al poco tiempo de nacer. Sin embargo, sirvió para dar la pauta a nuevas ideas y dar un giro a las imágenes estáticas para llevarlas a las salas cinematográficas. Hace 117 que se presentó en Estados Unidos la primera máquina de cine: el kinetoscopio, nombre resultado de la combinación de las palabras griegas “kineto” (movimiento) y “scopos” (“ver”). Basado en una idea de Eadweard Muybridge, Thomas Edison fue el encargado de patentar este artefacto que se convertiría en el precursor de las películas cinematográficas, y lo hizo de la mano de su colaborador William Kennedy Laurie Dickson.
“Es una máquina que puede hacer para los ojos aquello que el fonógrafo hace a los oídos”, según su propio creador. Por primera vez, el sonido y la imagen iban de la mano, aunque no de un modo sincronizado, motivo principal de su fracaso. Y es que el kinetoscopio cayó en el olvido, no sin antes tener algunas proyecciones organizadas de 1891 a a 1893. Fue así como los norteamericanos, en general, y los neoyorquinos, en particular, conocieron, por primera vez, las películas en movimiento. “Dickson experimental sound film” fue el primer film proyectado bajo este artefacto creado por este genio de la invención que nunca se pudo imaginar que serviría de inspiración a los hermanos Lumiére para dar vida al conocido cinematógrafo.