El cineasta español José Luis Guerin fue la estrella invitada del Festival Internacional de Cine de Nyon donde propuso una retrospectiva de su obra fílmica y dio una clase magistral al público del evento suizo. Presentado por Luciano Barisone, flamante nuevo director de Visions du Réel, llegó José Luis Guerin a un auditorio repleto de madrugadores amantes del cine.
La cita cultural, auspiciada por la TV cultural franco alemana ARTE, incluyó la proyección de fragmentos de sus películas y una clase magistral en la que el cineasta de Barcelona sedujo al auditorio con su profundo amor por el cine. Con aires de adolescente a pesar de sus 52 años, Guerin dio la charla en un correcto francés.
Este festival es una referencia mundial en el terreno del cine documental. ¿Se identifica usted con la etiqueta de documentalista?
No, pues me siento cineasta. Alterno ficción y documental, pero ambos formatos me interesan. Lo que cuenta es el buen cine. El problema es que, en general, el documental no se considera como parte de la creación cinematográfica, sino como un añadido al periodismo.
¿Esto sería un fenómeno global?
Sí, pero en España es algo flagrante. El valor de un documental estaría en la causa que defiende y no en su calidad cinematográfica. La gente va a ver documentales afines a sus convicciones y los aplauden por motivos ideológicos.
¿Podemos hablar de su película más popular, ‘En Construcción’?
Para mí un barrio son los rostros de sus habitantes. La suma de sus testimonios. Durante el rodaje de “En Construcción” no hubo cámara oculta ni teleobjetivos o micrófonos escondidos. Creo que hacer eso es poco ético y nada cinematográfico. Son recursos que prefiero dejarle a la televisión.
¿Cuál ha sido su técnica a la hora de dirigir esa película?
Un documental no se dirige jamás de forma explícita, pues mi trabajo consiste en crear una buena situación. En reemplazar la puesta en escena por la puesta en situación. La espera es una actitud ética en mi cine. Creo en montar situaciones y esperar a ver qué pasa. Para mí, conocer de antemano todo lo que sucederá en un rodaje me quita las ganas de filmar. Es necesario que haya un descubrimiento.
¿Cuánto hay de realidad y cuanto de construido en la película?
No entiendo la diferencia que entre “real” y “construido”. Todo en la película “En Construcción” es real. Lo único que está “construido” es mi estrategia para provocar situaciones a partir de esa realidad.
¿Cambia en algo su visión de esta película la actual crisis española del modelo basado en la especulación inmobiliaria y el hundimiento de la “burbuja del ladrillo”?
Una película se inscribe en el signo de su tiempo y es verdad que las circunstancias han cambiado mucho. Piense que el Barrio Chino de Barcelona, donde se filmó esta película, ya no existe. Ahora es un parque temático en el que no queda ni un ápice de realidad. Mientras tanto, nuestros arquitectos solo se preocupan del “skyline”. Tradicionalmente, el elemento central de la arquitectura era la casa del hombre, pero hoy es el auditorio, el museo, etc. Iniciativas que den rentabilidad política. Es un hecho mundial, pero que en España adquiere proporciones grotescas. Lo más dramático de todo ello es que estamos acabando con la vida popular en el espacio público.
Usted afirma ser autodidacta.
Efectivamente, pero no de una forma negativa. En tiempos de Franco, la única manera de formarse era ir a la Cinemateca, donde incluso entonces reinaba una cierta libertad y había poca censura.
¿Aprender todo solo le ha marcado?
Mi formación vino de la mano de los maestros que yo mismo he elegido. Es un camino más largo y solitario pero, desde luego, es más enriquecedor e intenso que seguir un programa arbitrario. El placer de hacer tu propio camino es algo irremplazable, que no se puede comparar a seguir un canon.
¿Usted buscaba entonces las películas que le interesaban?
Claro. El cine antes era algo deseado, que requería un esfuerzo. Hoy, antes aún de sentir el deseo, ya tenemos el DVD! Antes teníamos gran ilusión, e ir a París a ver una película de Renoir o Visconti era un evento mayor. Algo para recordar que hoy no existe.
¿No hay algo de nostalgia en su discurso?
Creo que no, aunque soy consciente de que mi visión del cine proviene de otro mundo. Odio eso tan moderno de ser exclamativo para lograr atraer la atención del público. Me siento un outsider.
¿Y no ve ninguna ventaja en herramientas como Internet?
Internet y las nuevas formas de ver cine que le van asociadas representan para mí una crisis personal enorme. De hecho, me pregunto si es posible ver cine en un ordenador, a pesar de que yo casi no los utilizo. Dudo mucho que se pueda vivir una revelación estética en una pantalla de PC en el contexto de lo doméstico. La pantalla de cine es un territorio sagrado al que nos sometemos durante el tiempo de duración de la película. Ese espacio sagrado no puede existir en una TV instalada en el salón de casa o en un ordenador de la oficina. No es lo mismo consumir cine en el entorno doméstico que en una sala. Para mí esto representa una ruptura traumática.
¿Pero no se supone que el cine digital representa su democratización?
Me interesa lo que afirmaba Jean Cocteau. A saber: que el cine no será libre hasta que no pueda ser hecho con la misma sencillez que un poema. Técnicamente, es verdad que nunca ha sido posible hacer cine tan barato como ahora, pero también es verdad que nunca se ha filmado tanta banalidad como con los recursos digitales actuales. Mi última película, “Guest”, la he hecho yo solo con una cámara de bolsillo. Pero lo importante sigue siendo siempre la idea y la relación con el medio y la belleza. La tecnología no puede imponernos su ley, sino que nosotros debemos imponernos a los medios técnicos.
¿Pero es tan fácil hacer cine hoy, o hay algo de mito?
Ahora es realmente muy fácil producir una película, pero lo que es cada vez más difícil es distribuir. La distribución de cine nunca antes ha sido tan hostil como ahora, cuando cuatro grandes películas copan casi la totalidad de salas. En el origen de las multisalas nos dijeron que eso iba a permitir mayor espacio para el cine independiente, pero lo cierto es que no ha sido así, pues sobre 10 salas, 8 están proyectando la última de Torrente o equivalente. Si compara usted la cartelera española de hoy con la de la España de los 70, incluso con Franco vivo, se sorprendería. Nuestra cartelera era más rica en 1970 que ahora. En nuestros días, la censura económica es mucho peor que la censura de la dictadura.
¿El cine de hoy sería entonces solo para niños y adolescentes?
Sí. Y, francamente, no me extraña que los adolescentes sean los únicos que todavía van al cine, porque cualquier adulto que tenga una mínima cultura cinematográfica es capaz de adivinar todo lo que va a pasar en una película de hoy a los 10 minutos de empezar.
¿Tan mal ve la situación?
Advierto una herida profunda en el cine desde los años 60. Pasa por la bifurcación desgarradora entre el cine en tanto que escritura y del cine como industria. En los años dorados, se lograron películas de alta calidad y populares, pero ahora eso ha desaparecido. Y este es un fenómeno que me parece ya irreversible. Para mí, una cierta idea del cine ha muerto. Sinceramente, no sé si hoy conseguiría yo estrenar y distribuir “En Construcción”. En las actuales condiciones del mercado del cine, lo veo casi imposible.
Por Rodrigo Carrizo Couto para Swissinfo.