Andrés Duprat -arquitecto y guionista del filme- sufrió las vicisitudes de tener un vecino invasivo que abrió un boquete en la medianera para “tener un poquito del sol que a él le sobraba”. “El hombre de al lado” dirigida por Gastón Duprat -hermano de Andrés- y Mariano Cohn se basa en esa historia real.

Así Leonardo (el dramaturgo Rafael Spregelburd) es un diseñador industrial, cool, snob y soberbio que vive en la Casa Curutchet -obra de arte diseñada entre 1949 y 1953 por el arquitecto francés Le Corbusier ubicada en ciudad de La Plata, Argentina- que se las tiene que ver con un inquietante vecino, Víctor (Daniel Aráoz).

¿Cómo reacciona la gente frente a la película?
Ves impactos en lugares extraños. Cuando aparece el tío tonto la gente reacciona como con afecto hacia ese personaje. Para mí era una cosa menor, la puse de casualidad -se sorprende-. Lo mismo el silencio después que termina, esa cosa medio amarga. Yo no la sentía tan amarga.
¿Cómo fue que decidieron filmar la película en la Casa Curutchet?
Por la estética que se podía lograr con la cámara y los planos. Tiene una luz muy pareja todo el día. El único justificativo que le veía a hacer una película en un solo lugar, era que fuera ahí. Es una casa de importancia mundial. En la filmación venían a tocarnos el timbre cuatro o cinco veces por día, chinos, coreanos, japoneses, yanquis que habían venido a la Argentina a ver la casa.
¿Y el trabajo con Aráoz que interpreta a el vecino?
Con él trabajamos tratando de bajarle el humor explícito. No hace una de más, está bajado el tono. Nos contuvimos todo el tiempo para que la película no se fuera para el lado del zafarrancho para cagarse de risa. Aparte, la situación daba para mil cosas graciosas y eran desplazadas, había un prurito, para que no le quite el drama y la gente no deje de asustarse con Aráoz.
En la identificación con los personajes está buena parte del interés de la historia. ¿Vos de qué lado estás?
Es verdad que Leonardo es un poco snob y escucha esa música estrafalaria con Juan Cruz Bordeu. Pero yo, para amigo prefiero a Leonardo que a Víctor. Soy más parecido a él y detesto la gente que grita, te toca… me paraliza, como al personaje. Podría hacer cualquier cosa vil para salir de una situación así.

