“Pagafantas”, que protagonizan Gorka Otxoa y Sabrina Garciarena, llega este viernes a las salas españolas con la esperanza de convertirse en la comedia del verano. Doblemente premiada en el festival de Málaga, no tendrá una secuela… al menos no inmediata. “Diego San José, el coguionista de “Pagafantas”, y yo -explica Cobeaga- estamos escribiendo una película que se llama “Retrasado” y va sobre un vuelo, el día de Nochevieja, que se cancela y llevan a todos los pasajeros a un hotel. Allí es donde se desarrolla toda la acción. Yo la defino como una mezcla entre “Pagafantas” y “Die hard”… Y el otro día Diego dijo una cosa que creo que está muy bien: imaginaos que “Pagafantas” se desarrolla a lo largo de ocho horas seguidas, y esa es la definición perfecta de “Retrasado”.
Sobre la posibilidad de una secuela para su opera prima, sobre un joven a quien la chica que le gusta le quiere mucho… “pero como amigo”, el realizador donostiarra tiene bastantes dudas. “Los dos protagonistas, sobre todo, insisten mucho en que hagamos una segunda parte, pero a mí el tipo de secuela que me apetece no creo que encaje con la idea de mis productores. Sería una cosa más bien tipo “Texasville” (la secuela de “La última película”), ahí 40 años después y todos decadentes, viejos y desesperados… Eso es lo que me pide el cuerpo. Así que tendré que esperar 20 años y que mi carrera se vaya al garete como la de Bogdanovich para hacer eso…”, dice.
En el transcurso de esta entrevista, a Borja Cobeaga, presumiblemente, se le subieron los colores. Fue a saludar a una amiga mientras hablaba por el móvil en la calle y resultó ser una chica desconocida. Ese clásico “¡Hey!” tras el que el confundido se queda bloqueado pensando en la estupidez supina de uno. Es lo que este recién llegado al largo y las filas de Muchachada Nui llaman “la cosilla”. En una especie de espiral masoquista, él y sus compañeros de cuadrilla se han dedicado a estudiar este y otros fenómenos, como el de la vergüenza ajena, el del perdedor, etcétera. Y les ha salido Pagafantas, comedia “muy real”, insiste quien la firma, que llega este viernes a las salas para contarle al espectador las desdichas del típico amigo de las chicas que nunca consigue nada con ellas. Basada en hechos reales, en las propias anécdotas del grupo de creadores, llega con dos premios de Málaga bajo el brazo -el del público y el de la crítica- y con cierta aura de novedad. Desde el viernes la taquilla puede encumbrarlo como el necesario soplo de aire fresco para la comedia nacional.
¿Por qué su película no es otra comedia española?
Porque es muy de verdad. Muchas se hacen pensando en lo que gusta a otros, sin preocuparse por ser honesta y sincera. En cambio la mía es una película de gente de mi edad, que cuenta mis propios problemas y de mis amigos. Exagero las cosas que me pasan.
Se aprecia un influencia estética de la nueva comedia norteamericana tipo Judd Apatow, especialmente en la promoción. ¿La apreciarán también los espectadores en la película?
En la promoción desde luego, porque esa comedia tiene unas claves estéticas que yo comparto y que hemos tratado de emular. Pero también me identifico con ellos en la cuestión de trabajar entre amigos. Tener un colega que escribe una película y que tú se la dirijas y otro la interprete. Yo estoy trabajando con mis amigos y es con ellos con quien me gustaría seguir haciéndolo siempre.
Ya hay quien la ha definido como un poco de aire fresco a la comedia española. Y curiosamente la han creado, como comenta, un grupo de amigos de la universidad. ¿Son una generación de elegidos que viene a quitarle un supuesto sopor al cine español?
La verdad es que nos sentimos más como una cuadrilla que se lo pasa bien y que echa risas, que quiere trabajar junta haciendo el humor que nos gusta. Y como nos consideramos normales, pues no tenemos ese mensaje mesiánico de venir a cambiar las cosas.
¿Hay también un retrato generacional?
Sí, sobre todo por retratar con cercanía cosas que hemos vivido. Al final, las experiencias de todos se parecen, todos tienen los mismos rituales, costumbres y elementos. Es fácil que convenza, porque todos hemos pasado esa vergüencilla en algún momento. Mira, ahora mismo me ha pasado un caso de vergüenza, he saludado a una chica pensando que era una amiga y no es.
Desde luego es un fenómeno muy nacional. De hecho se le llama vergüenza ajena o española.
¿En serio? Pues es un dato genial, porque la vergüenza ajena es el territorio que más me interesa, eso que los de Muchachada llaman “la cosica” y que a todos nos interesa porque todos la hemos pasado.
Todos y todas. Porque, volviendo a la película, ¿Sabía usted que también hay mujeres pagafantas?
En la película no, porque como somos chicos… y también es más frecuente ver pagafantas varones. No soy nada amigo de la lucha de sexos, pero hay un rasgo que nos diferencia y es que nosotros perdemos la dignidad con más facilidad, que eso de arrastrarnos está en nuestro código genético. Y no es malo, la vergüenza es maravillosa.
¿El cine español le produce este tipo de vergüenza en alguna ocasión?
Pues hay algunas películas que efectivamente son de vergüenza ajena y otras que están muy bien. Este año se han estrenado seis o siete títulos que serían un sueño para cualquier cinematografía. Lo de criticarlo porque sí, a golpe de prejuicios, se ha convertido en una moda.
La película se estrena este viernes con la ventaja de haberse ganado el favor del Festival de Málaga. Pero ahora toca la taquilla. ¿Nervioso?
Lo del público me pone nervioso porque hay en su resultado algo de jugarse el futuro. Lo que pase a partir del viernes repercutirá en los próximos dos años de mi carrera. De momento, estoy esforzándome en contagiar el entusiasmo que tengo. Luego, que sea lo que Dios quiera.
¿Y cuándo se le agoten los Pagafantas? ¿Tal vez el fantástico, del que es aficionado?
El fantástico lo prefiero como espectador. Empecé a escribir un corto de terror hace unos días y me salió una comedia. Lo que sí que querría hacer es una comedia política vasca.
Tema delicadito.
Sí, estamos esperando el momento adecuado, pero que sea delicado lo hace más interesante.
Por Marta Caballero

