En una charla entre el director de cine mexicano Arturo Ripstein y la guionista mexicana Paz Alicia Garciadiego durante el último Festival de Granada, el cineasta recordó los inicios de su relación profesional con Paz, a la que enseñó a escribir guiones en unas mágicas tres horas que terminaron convirtiéndose en una vida artística prodigiosa y compartida. Ripstein defendió la importancia capital del guión, pieza básica de las películas. Por su parte, Garciadiego señaló lo muy difícil y complicado que es adaptar una obra literaria a la pantalla, sobre todo, obras del realismo mágico de Rulfo o García Márquez. “Cuando leemos, imaginamos, soñamos, fabulamos. Pero la pantalla no perdona y muestra la realidad de la imágenes filmadas.”
Y por ello, escribir para el cine la aterra, aunque sea un privilegio que le ofrezcan escribir una película. De ahí nace el hiperrealismo de las películas de Ripstein y Garciadiego, esa abolición de la arcadia rural. A la hora de escribir un guión, Paz y Arturo explicaron a su nutrido auditorio que comienzan por el final de la historia, “finales fuertes y traumáticos”, y después, “haciendo fluir el tiempo hacia atrás, contando la historia y la vida de los personajes, dándole una estructura lógica a una realidad que, por lo general, no lo es.” La charla siguió abundando en algunos de los secretos que están en el origen de películas como “Profundo carmesí”, una de las más desasosegantes de sus autores o en la naturaleza de los remakes para terminar hablando sobre el cambio que ha existido en la censura: de la política a la económica en la que, con el pretexto de que un proyecto no es comercial, estamos asistiendo a la muerte de cine, en clarividentes palabras de Garciadiego.

