el blog de Lente Creativo

Abril 23, 2009

El origen de “Esperando la carroza”

Archivado en: Lente Creativo Cine — Etiquetas: — Gerónimo @ :

La pequeña nota, un recuadrito menor dentro de las noticias raras que publicaba La Razón, tenía destino de olvido. ¿A quién podía importarle, allá por 1962, que unos hermanos napolitanos se peleasen todo un día porque ambos querían ofrecer su casa como sede para el velorio de la mamma? Sin embargo, esa noticia italiana fue leída en Montevideo por un rumano que escribió a partir de ella la mejor comedia argentina de todos los tiempos: “Esperando la carroza”.

El autor, Jacobo Langsner, nació en Rumania, pero a los tres años ya estaba en Montevideo, con toda su familia. Tres años más tarde, mirando una película de gitanos el niño Jacobo se maravilló: ¡Esas fotografías no sólo se movían! ¡También hablaban! Ahí supo que su vida estaría ligada a ese mundo de imágenes parlantes en movimiento. Nunca tuvo problemas vocacionales. Ahí estaba lo que él quería hacer.

“Sí, siempre quise hacer cine. Tenía tres hermanas, una era muy bonita. Las otras también, pobrecitas, pero ésta era muy bonita y le arrastraba el ala el gerente de dos cines que estaban a dos cuadras de casa. Entonces entraba gratis al cine todo el tiempo, y ahí ya supe qué quería hacer”, dice ahora, en el increíble oasis que es su departamento señorial, a metros de la locura de Corrientes y Callao.

Jacobo Langsner parece estar más allá de las críticas, del furor que sigue despertando, a casi 50 años de haber sido escrita, a casi 25 de haber sido filmada “Esperando la carroza”, quizás la única película argentina con clubs de fans, seguidores que pueden recitar párrafos enteros y una serie de latiguillos instalados para siempre en la memoria colectiva nacional: “Yo hago puchero, ella hace puchero. Yo hago ravioles, ella hace ravioles”; “¿Sabés lo que tenían para comer? ¡Tres empanadas!” o “¿Dónde está mi amiga?”.

Entonces, ¿todo salió de aquella noticia pequeña del diario La Razón?
Claro, cuando la leí, lo primero que pensé fue: “¡Qué mentira!, ¡Qué infamia!” Nadie se pelea por velar en la casa de uno a nadie. Al contrario, yo creo que dos hermanos dirían: “Velala en tu casa”, y ahí se me ocurrió.

Jacobo Langsner

¿Tardó mucho en escribir la obra de teatro en 1962?
Dos días –dice, y se calla-. Fue rarísimo

porque fue como si estuviera viendo una película, y copiando de la película que estaba viendo. Fue fantástico.

O sea que todos esos diálogos que tantas personas repiten desde hace tantos años, se le ocurrieron en esos dos días.
Sí, sí, no hubo arreglos en la obra prácticamente. Yo escribo a mano, en un cuaderno, y cuando la paso a máquina ahí voy corrigiendo, entonces…, bueno, no me ha ido mal.

¿Y cuál fue el recorrido de la obra en ese momento?
El actor uruguayo estaba acostumbrado, en aquel entonces, al teatro clásico. La Comedia Nacional hacía teatro clásico. Yo estaba en un grupo que se llamaba Club de Teatro y no la di a leer porque todo el mundo estaba tan acostumbrado al teatro clásico, esta obra sobre clase media baja…

¿Fue una travesura?
Y, sí, lo sentí así.

La obra teatral “Esperando la carroza” fue estrenada por la Comedia Nacional de Montevideo en el año 1962. Las críticas fueron horrorosas. Un crítico llegó a decir que se notaba, por la manera en la que el autor se burlaba de la muerte, que no había sido criado en el seno de una familia cristiana.

Bueno, le acertó.
Y sí, se notaba –se ríe ahora Jacobo-.

Vino la dictadura al Río de la Plata y Langsner partió para España. Era 1979 y estaba cenando en casa de amigos, en Madrid, cuando la hija de la familia dijo: “¿Vieron? En Montevideo están dando la misma obra hace siete años, qué horror, ¡qué atraso!”. Jacobo, que no sabía nada del asunto, comentó: “¿Cómo qué horror? ¡Eso es lo que busca todo el mundo! ¿Te parece mejor que dure siete días en cartel?”.

Lo que no sabía era que la obra que tenía tal récord de permanencia era aquella suya defenestrada tanto tiempo antes. Para quienes vieron esa puesta que se dio durante siete años desde 1972 en el Teatro Circular, fue la mejor de las versiones. Los actores uruguayos que aparecían en Madrid en el exilio comentaban que ya pasaba lo que después sería norma: el público volvía al teatro y repetía los párrafos más graciosos.

En aquellos tiempos madrileños, Alejandro Doria pasó por la casa de Jacobo Langsner y le preguntó si tenía algo escrito. Se fue de ahí con el guión de “Darse cuenta” (1984), otra película emblemática de esa época. A los dos días, desde Buenos Aires, Doria le pide a Langsner que venga, que van a filmar esa película del muchacho que revive pese a todo, que camina pese a todo.

El público argentino, sensibilizado con la salida de la dictadura, vio en el muchacho que podía volver a caminar una metáfora sobre un país que podía volver a ponerse de pie. Atención, que aquí Langsner se pone iconoclasta. Y la emprende con su propia obra. “No sé, supongo que el público le dio una lectura simbólica que no tenía; esa cuestión donde Grandinetti empieza a caminar de nuevo era una cosa hollywoodense de final feliz, el país puesto a caminar. Esa escena se hizo por exigencia de los actores. La obra no terminaba con una cosa muy para arriba, el tipo moría, porque lo importante era que los médicos tomaran conciencia. Y lo tuve que cambiar, porque se habían puesto durísimos los actores, decían que había que levantar el entusiasmo de la gente. A mí no me gusta eso. Que se levante la realidad, y yo escribo las cosas de otra manera. Pero en fin, lo tuve que hacer.” Y otra vez ríe, como si terminase de hacer una picardía.

Después usted y Doria hicieron juntos “Esperando la carroza” para cine.
Él ya la había hecho en televisión y dijo “vamos a hacerla”. Siempre ha salido fantásticamente bien el trabajo con Alejandro, pero lamentablemente es muy difícil Doria.

¿Sí?
Uf, es muy difícil. Porque yo qué sé, ¡tiene un carácter!

El estreno de “Esperando la carroza”, el 6 de mayo de 1985 en el cine Atlas Lavalle, no fue muy auspicioso. Si bien el público se rió en el avant première, las críticas fueron tibias, hubo una sola elogiosa. Doria filmaría “Sofía”, otro guión de Langsner, en 1987.

Por O. Bazán

"Esperando la carroza"

El mito argentino
Por Alejandro Doria

Alejandro Doria

Aunque pocos lo recuerden, en 1974 yo ya había dirigido una versión televisiva de “Esperando la carroza” para el ciclo Alta comedia, de Canal 9, con un elenco muy importante; además de China estaban Pepe Soriano, Raúl Rossi, Dora Baret y, en el personaje de la vieja, Hedy Crilla. Me divertí mucho haciéndola, y siempre me pareció que podía convertirse en una película muy atractiva.

Cuando comenzamos a trabajar en la adaptación, muchos años después, me di cuenta de una cosa. En la obra, Mamá Cora desaparece a los 5 minutos y no vuelve hasta el final, todo el tiempo existe la posibilidad de que ella sea, efectivamente, la muerta que están velando. Esto hace que la pieza sea de un grotesco muy negro, devastador. En la película, en cambio, pensando en Hitchcock y en hacer del espectador un cómplice, se me ocurrió mostrar a la vieja todo el tiempo en la casa del frente, lo que disipa un poco la tensión, suma comicidad y, por otra parte, desplaza el énfasis de lo que pueda haberle pasado a ella al vínculo entre los hermanos.

Sin que yo lo pensara en ese momento, también ayudó que el personaje lo interpretara Antonio Gasalla. Originalmente, había pensado en Niní Marshall, con quien llegamos a vernos dos o tres veces, libro en mano. Yo la adoraba, pero hubiese sido un desacierto: por más genial que fuera su papel, habría sido muy doloroso ver a una mujer de 90 años, y más a Niní, en ese papel. Al hacerlo Gasalla, en cambio, el público entra en un juego teatral, porque por más que le peguen, se caiga o la crean muerta, sin importar cuán bien lo haga, no deja de ser un hombre joven disfrazado de mujer. Y funciona muy bien. De hecho, al momento del estreno a nadie se le ocurrió preguntarme por qué había puesto un hombre, y no una mujer, en ese papel.

Eso sí, la película no le gustó a nadie. Las críticas fueron durísimas. Todos decían que había exagerado mucho y es cierto, yo hice un grotesco multiplicado por ocho, decisión que incluso me trajo problemas con el elenco. Para colmo, en la moviola me di cuenta de que muchas secuencias, por más extraordinarias que fueran, no agregaban nada, y le saqué 18 minutos. Hasta la montajista, Silvia Ripoll, se quejaba de que cortara escenas tan divertidas, y eso a los actores los enoja mucho, así que terminamos todos peleados. Odiaban la película.

Nunca supe muy bien qué me iluminó en ese momento, porque recién ahora, en la madurez, he aprendido esa crueldad necesaria de quitar lo que no sirve. Cuando uno es joven, por lo general deja lo que salió a su gusto y corta lo que no, y así muchas veces deja cosas innecesarias y quita partes fundamentales. A mí me había pasado en películas anteriores, como La isla, pero en Esperando la carroza bajó el ángel. En parte, creo, me jugó a favor cierta inseguridad. Yo nunca había hecho humor, entonces durante la compaginación, por miedo a que las situaciones no fueran eficaces, corté al ras, al límite. El día del estreno me quería morir, la mitad de la película quedó sepultada bajo las carcajadas de la gente, que mientras se reía ya se estaba perdiendo otro gag. Sin querer, aprendí el secreto de la comedia, no dar respiro, y por eso la gente encuentra cosas distintas cada vez que la ve.

De todos modos, más allá de los méritos que pueda tener, para mí es un milagro. Con el paso del tiempo, el público se encargó de endiosarla, de convertirla en un mito. Cuando se cumplieron veinte años, el Festival de Mar del Plata organizó un homenaje con una copia nueva en el cine Colón, y las 600 o 700 personas que llenaban la sala acompañaban los diálogos a los gritos. Chicos que no estaban vivos cuando se filmó, la saben de memoria. Y no sólo acá; años atrás, en España, me dijeron que Carmen Maura quería conocerme… porque tenía en su contestador diálogos de la película. Todo eso va más allá de lo que uno haya o no haya podido hacer, no tiene que ver con el talento, con el trabajo ni con las ganas, es algo que ocurre sin que uno sepa muy bien por qué. Por eso, aunque en su momento comenzamos a trabajar un libro con Jacobo, rápidamente desistí y me di cuenta de que no tenía sentido filmar una segunda parte: no se puede competir con un mito.

Algunos Datos, Imágenes y Curiosidades más:

- En la versión televisiva de Doria que se emitió en 1972 también estaban los actores Alberto Argibay, Lita Soriano, Alicia Berdaxagar y Marta Gam.

- En Argentina la obra teatral se estrenó en octubre de 1975 en el Teatro del Centro con dirección de Villanueva Cosse (quien también actuó) y la participación en el elenco de Juan Manuel Tenuta, Arturo Bonín, Adela Gleijer, Lucrecia Capello, Golde Flami, Susana Cart, Eliseo Morán, Norberto Pagani, Felipe Méndez, Mirta Mansilla, Isabel Ferrero y en el rol de Mamá Cora, Beba Pugliese.

- Antonio Gasalla se sometió a sesiones de maquillaje de cuatro horas y media para el papel.

- Los actores no cobraron grandes sueldos por el escaso presupuesto y se filmó en dos meses, muy poco tiempo. La película se editó rápidamente y se estrenó a las cinco semanas de terminada la filmación. Se rodó en Buenos Aires en el Barrio de Versalles, en la calle Echenagucía, cerca de la plaza Ciudad de Banff, entre Lascano y Arregui. Las casas donde se filmó están todavía en las mismas condiciones edilicias que en esa época.

- Escenas eliminadas

- Imágenes de la filmación

3 comentarios »

  1. En verdad me parecio magnifico el video, soy Esperando la carroza ” maníaco asi que voy a ir a conocer esa casa histórica en breve ahora que se donde se encuentra . Gracias por tan lindo video

    Comment por Poli — Agosto 31, 2009 @ :

  2. gracias me sirvio mucho!!para el cole!!!!!!
    les agradesco!!!!!

    Comment por yesica!! — Octubre 29, 2009 @ :

  3. De nada, a todos nos parece una de las mejores peliculas argetinas de la historia y toda información sobre ella en internet es importante para que se la reconozca como tal.

    Saludos.

    Comment por Gerónimo — Octubre 30, 2009 @ :


Canal RSS de los comentarios de la entrada.

Deja un comentario

Blog de WordPress.com.