Su lente no suele tener miramientos cuando retrata un problema social. Carlos Carrera mostró en ”El crimen del Padre Amaro” un amor prohibido que molestó a muchos, pero con ”El traspatio” lleva la denuncia social y moral a un nuevo nivel. El desierto de Chihuahua es el escenario de contrastes que había llamado la atención del realizador. Tan amplio en nobleza como en crueldad, es el lugar donde se asienta Ciudad Juárez y donde se cuenta la trama de ”El traspatio”. “Me interesaba hacer una película sobre el asunto de las muertas de Juárez y sobre un caso en particular. En esta búsqueda se presentó este guión de Sabina Berman y allí vi la oportunidad”, relata el director.
La película no tiene concesiones con el espectador. La trama se mueve de manera vertiginosa, una mezcla entre thriller policiaco, suspenso y sobre todo, una denuncia brutal sobre una serie de problemas, los feminicidios de Ciudad Juárez a artir de los años noventa, que no desaparecerán por más que la sociedad mexicana trate de voltear en otra dirección. En medio de varios problemas de seguridad que aquejan al país, el realizador afirma que esta cinta llega en el momento justo, pues “mientras suceda este problema en Ciudad Juárez, cualquier momento es pertinente, porque se puede decir el rollo de que la sociedad está cansada de tanta violencia, pero eso también implicaría pensar que todo lo que está sucediendo en nuestro país es normal”.
”El traspatio” tiene una curiosa paradoja. A pesar de los crímenes explícitos que retrata en pantalla, obtuvo la clasificación B-15, lo que le permitirá llegar a un mayor público. “Como no tiene desnudos eróticos y casi no hay ‘malas palabras’, nos dieron esa clasificación y no la C, para adultos”, reflexiona el director mientras se rasca la cabeza preguntándose sobre la escala de valores en el cine mexicano. Y aunque no hay límite para lo que se quiere contar, Carrera acepta que tomó pequeñas medidas para conservar la esencia en la trama sin transformarla en una cinta sangrienta: “Traté de no ser amarillista. Esta basada en hechos reales, pero no todo sucedió al mismo tiempo, se adaptaron algunas fechas cronológicas y hay licencias de Berman en el guión para compactar los acontecimientos”.
El director -que además comentó que tiene por ahí otro guión titulado “Samiahua”, un relato mágico y fantástico que espera llevar a la pantalla- no desea que los feminicidios sean tan normales que deje de ser nota informativa, como en algún momento se dice en esta película. “El objetivo es que no se vuelva un problema secundario, porque no es un problema del pasado, sino que sigue pasando”, exclama. El filme como ya dijimos está escrito por Sabina Berman, la actriz Ana De la Reguera es la policía responsable de tratar de esclarecer los hechos y Joaquín Cosío hace a un locutor de radio que denuncia las malas acciones gubernamentales. Es como la conciencia de Ciudad Juárez. Los cuatro hablaron por unos minutos en una entrevista:
Se dice que esta película está basada en personajes reales…
Berman: Sí, todos existen tal cual o son una mezcla. No hablé con las madres de las víctimas, sino con chavas de las maquilas de cómo podían seguir yendo a esos lugares y luego a los antros los viernes y sábados y seguir siendo tan optimistas.
Cómo se preparó la filmación?
Carrera: Estuvimos yendo varios meses a la ciudad a principios de año. Me interesaba mucho filmarla en Ciudad Juárez y reproducir lo más fielmente posible la época y todos los detalles. Y en el trabajo de locaciones platiqué con varias sobrevivientes de secuestros, que pueden contarlo.
Dicen que hubo amenazas, que a alguien le mandaron un animal muerto y cosas así ¿fue cierto o quedará como mito?
Carrera: Creo que no es tan importante, lo que importa es la película. Tenemos anécdotas poco claras y de pronto había mucha paranoia.
Ana, ¿cuál fue la preparación para tu personaje?, tenías que aprender por ejemplo, a usar una pistola…
De la Reguera: Me entrevisté con policías mujeres, estuve con agentes judiciales que me enseñaron a utilizar armas. Y qué ver cuando entras a un lugar…
¿Había temor previo al rodaje?
De la Reguera: No, en la mayoría de nosotros no. Pero sí estar en medio de una guerra política y de narcotráfico, era peligroso. Me recuerdo a Joaquín diciéndome: aquí todo mundo está amenazado, ya están acostumbrados, no seríamos los únicos ni los últimos. ¡Y eso me calmó!
¿Duele que pase en Ciudad Juárez?
Cosío: -Desde luego. Siendo testigo de una ciudad violenta, sí, pero siempre viva, irse convirtiendo en una ciudad del horror y el crimen, duele. Pero no es necesariamente es Juárez, sino que es México, y México es nuestro país.

