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Noviembre 30, 2008

Entrevista y nuevo premio para Paz Encina y su “Hamaca paraguaya”

Archivado en: Lente Creativo Cine — Gerónimo @ :

Premiada por el jurado y por la crítica en el Festival de Cannes, el primer largometraje de Paz Encina (hablado en guaraní) expresa tanto la identidad cultural de Paraguay como su situación política. “Hamaca paraguaya”, ópera prima escrita y dirigida por Paz Encina, comienza de noche, en el campo, cuando está a punto de amanecer y una pareja de ancianos sentados en una hamaca evoca a su hijo, que se ha marchado a la guerra del Chaco. A través de diálogos cotidianos y sencillos, Paz Encina aborda con hondura esta historia potente, antibélica y de una belleza poética en imágenes, que convierten a este relato en universal y atemporal, aunque esté hablado en guaraní y los episodios transcurran en 1935 en Paraguay. La directora nació en Asunción y se formó en Argentina: egresó de la Universidad del Cine en el 2001, pero volvió a su país para filmar esta película que puso a Paraguay en los titulares de los diarios del mundo. Rodada con luz natural en exteriores de Villarrica. Paz Encina, que contó con la colaboración de Lita Stantic productora de realizadoras como María Luisa Bemberg y Lucrecia Martel, comparte lo que ella define como cine de autor sin soslayar la cuestión política. “Nosotros no somos como el resto de los latinoamericanos, no somos como los argentinos o como los mexicanos”, sostuvo, al insistir en que su primer largometraje intenta ser una mirada al yo más íntimo del campesino paraguayo. “Somos un pueblo silencioso, callado… no encontramos la salida”.

¿Qué la llevó a contar esta historia tan personal y sensible?
Estudié cine en Buenos Aires y regresé a Paraguay en el 2002. Empecé a hacer mi tesis sobre el director japonés Yasujiro Ozu y me dediqué a la docencia cinematográfica. Arranqué con la escritura de “Hamaca paraguaya” a partir de un corto que ya había filmado, que era muy apacible, plácido y duraba ocho minutos. En el corto llovía todo el tiempo y simplemente el hijo no volvía porque llovía. En el largometraje hay más elementos de tensión dramática. Con la vuelta a mi país, me puse a mirar más minuciosamente y encontré una desidia muy grande en la sociedad. Políticamente no había cambios. La caída de Alfredo Stroessner en 1989 y el reemplazo por Andrés Rodríguez, su consuegro, eran una continuidad. Yo quería filmar y la motivación vino después. Jorge Laferla, quien había sido profesor mío en Buenos Aires, llegó a Paraguay y me sugirió que hiciera un largo a partir del corto, aunque fuera como un ejercicio. Me fue dando pautas y nos reunimos en la Argentina cuando yo iba. Básicamente quería mostrar la tristeza de dos padres que están esperando. Me tomé un tiempo para decidir si el hijo moría o no. El trabajo de guión fue minucioso, además la vida dispara situaciones, como la de mi hermano, que tuvo un accidente y fue trasladado a la Argentina para su rehabilitación y su perra lloraba todo el día. Era desesperante escucharla, extrañaba a mi hermano y a una empleada se le ocurrió darle una remera de él para que se callara. Mis padres se sentaban todos los días en el mismo sillón, a la misma hora a esperar alguna noticia de mi hermano. Era una escena de tristeza y a su vez de esperanza. “Hamaca…” transita lugares en que uno se reconoce. Quién no se sintió invadido de tristeza o lo rozó la muerte, o esperó angustiado a un ser querido alguna vez.

¿Cuáles son los ejes dramáticos de la película?
La negación y la espera. Tener todo un tiempo para mirar, pero en definitiva no querer ver. En Paraguay la gente se guía por mitos, por presentimientos: si ves un picaflor vas a tener una buena noticia, si encontrás una mariposa muerta, seguramente tendrás una mala noticia. Es como le dice Ramón a Cándida en la película: “Ese presentimiento malo uno de estos días te va a matar”. La madre sabe, siempre huele la verdad. Ella es negadora porque necesita seguir viviendo, pero en la última escena en la hamaca ella sigue negando para que su marido siga viviendo. Cándida le hace comentarios a su marido hasta donde puede, le cuenta que encontró una mariposa muerta. Son dos padres paraguayos, que están esperando a su hijo, y la angustia que soportan es la misma. Me cuesta contar una historia sobre Paraguay que sea optimista, no veo luz al final del túnel. Mi referente es un escritor paraguayo, Rubén Bareiro Saguier, autor de la novela Ojo por diente, que Laferla por esas cosas del destino me recomendó leer. En la escritura de Bareiro existe un mensaje pesimista, sus personajes se van y no saben si van a volver, otros esperan la muerte inminente y cuentan con alguien que los consuela, o sobre una mujer que duda si encontrará un amor. Es un mensaje de una tristeza constante.

¿Por qué la película tiene una estructura circular?
Los diálogos son circulares, van y vienen. Cuando colgué la hamaca en un árbol, ellos dos quedan encerrados en ese espacio entre la hamaca y el árbol. No hay mucha diferencia entre la gente de Asunción y la del campo. Estamos todos pendientes de si va a llover o si va a soplar el viento, porque esto nos influye en el ánimo. En la radio informan si soplará el viento norte, que se sabe irrita mucho. La población está acostumbrada a soportar temperaturas entre 40 y 44 grados. Vivimos muy pendientes de esos elementos. Intento tener una mirada propia, nosotros tenemos otros tiempos. En mi país somos más lentos, más silenciosos, pensamos más antes de hablar y miramos a esa persona, primero para saber si podemos confiar en ella antes de contestarle y si no simplemente no le respondemos y permanecemos callados, y ese silencio puede durar una eternidad. Yo estaba preocupada en dónde poner la cámara y en respetar nuestros tiempos. El director de arte, Carlo Spatuzza, es un artista plástico paraguayo y buscamos juntos las locaciones. Yo al principio buscaba un paisaje de cerro y él me sugirió que debía tener más síntesis. Me propuso usar un elemento vertical, uno horizontal y elementos circulares. La hamaca es el horizontal y de donde se cuelga es el vertical y nada más. Despojado de todo. Un elemento sirve para múltiples usos, la batea para poner la ropa, la mandioca, el cuchillo de él sirve para cortar la caña de azúcar y ella lo usa para pelar. Yo había filmado el corto con ellos en el 2000. Ramón del Río es un actor de teatro con reconocimiento y trayectoria. Georgina Genes nació en el campo y se le nota en cómo pela la naranja y por la forma de caminar y cómo son sus pies y sus manos. Ramón del Río es un actor tan formidable que hace todo lo que uno le pide. Es un señor muy refinado, por eso hubo que maquillarle las manos y los pies.

¿Cuál es su próximo proyecto?
“La belleza de la infancia”, una historia sobre dos hermanos rurales que tienen un padre represor y transcurre durante la dictadura de Stroessner. La hermana decide irse a trabajar de mucama con doce años a Asunción. Cuando termina la dictadura ella va a buscar a su hermano. Yo me acuerdo de los finales de la dictadura. Mi padre es abogado y fue opositor, del Partido Colorado, y lo metieron preso varias veces. En Asunción nos conocemos todos. Cuando yo era niña, mi mamá me llevó a un pediatra y no me quería atender porque mi padre era opositor.

Hace unos días la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y Audiovisuales (FIPCA) entregó el Premio Luis Buñuel a la película. Dotado con 10.000 euros (12.600 dólares), el premio fue entregado en el Festival de Cine Iberoamericano, que se celebra en la ciudad española de Huelva. La federación concede este premio por sexto año consecutivo en colaboración con la Entidad de Gestión de Derechos de los Productores Audiovisuales que tiene como objetivo potenciar y desarrollar el papel del productor en Iberoamérica, así como lograr la inserción del cine iberoamericano en el mercado internacional. Encina se manifestó “emocionada como nunca, posiblemente porque vengo a recoger un premio que ya sé que me han dado”, además de destacar que coincide precisamente con la entrada de Paraguay en la FIPCA. “Tomo este premio como una parte más del cambio que todos queremos en Paraguay”, señaló la directora y guionista de la cinta ganadora. El jurado internacional que concedió el galardón está compuesto por Dieter Kosslick, director del Festival de Berlín; Thierry Fremaux, director del Festival de Cannes; Frederic Maire, director del Festival de Locarno; Mikel Olaciregui, director del Festival de San Sebastián; y Peter Scarlet, director del Festival de Tribeca. El filme competía con “Azuloscurocasinegro” de Daniel Sánchez Arévalo (España), “El laberinto del fauno” de Guillermo del Toro (México), “XXY” de Lucía Puenzo (Argentina) y “Madrigal” de Fernando Pérez (Cuba).

Por Ana Bianco

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