Los hermanos Paolo y Vittorio Taviani se metieron en el bolsillo al público del Festival de cine Mediterráneo de Montpellier (sureste de Francia), con una sencillez apabullante y un sentido del humor lleno de ironía e inteligencia. La 30 edición del Festival rinde homenaje a esta pareja de cineastas con una retrospectiva que incluye 15 de sus largometrajes y ellos han respondido desplegando una enorme simpatía y calidez. Responsables de clásicos como “Padre Padrone” (1977) o “La notte di San Lorenzo” (1982), la obra de los Taviani -Paolo tiene 76 años y Vittorio, 79- es “completa, densa y rica”, como señaló el director del Festival, Jean-François Bougies. “Sus películas nos han ayudado a entender mejor el mundo y a nosotros mismos. Son cineastas y humanistas. Y sus películas tienen una constante: la belleza”, afirmó en la presentación de los directores italianos durante una mesa redonda.
Halagos recibidos con gratitud por los hermanos pero con cierto reparo e incluso vergüenza, como señaló Vittorio al afirmar convencido que en casos como el de hoy, ante tanta gente hablando de ellos, le gustaría desaparecer porque “es demasiada responsabilidad” y las ideas se le van de la cabeza. Por ello, cada vez que se les pregunta por sus películas, cuentan con detalle el proceso de preparación y de rodaje pero aseguran no ver el resultado final y dicen no ser críticos para evitar dar opiniones personales sobre su trabajo. Un trabajo deudor de sus orígenes toscanos, aun de manera inconsciente, e influido, como es el caso de grandes italianos como Pasolini, Fellini o Visconti, por el arte. Y en el que la música es vital para marcar el ritmo de la narración, según explicó Paolo.
Aunque Vittorio también apuntó a otro origen para sus historias: sus pesadillas nocturnas, que además han estado marcadas por cada una de las etapas de sus vidas. Respuestas alternas y complementarias de los hermanos, como es su relación en la vida y en el trabajo. “Somos opuestos pero complementarios”, afirmó Paolo, que contó divertido cómo se encontraron con los Coen en Cannes y les preguntaron por su forma de trabajar. “Ellos nos dijeron que nosotros habíamos empezado antes, así que éramos nosotros los que debíamos responder a esa pregunta”, agregó. Anécdotas relacionadas con otros cineastas jalonaron la mesa redonda, en la que se declararon admiradores de Rossellini, de John Ford, de Terrence Malick y de los nuevos cineastas italianos, como Matteo Garrone o Paolo Sorrentino.
“Sabíamos que había mucho talento entre los jóvenes italianos”, dijo Vittorio, que consideró que se está produciendo un “renacimiento” del cine italiano. Un cine del que los Taviani son importantes representantes y en el que han servido de nexo de unión entre la generación de los clásicos y la actual, razón de este homenaje en Montpellier. Como punto central de la retrospectiva, se ha exhibido “La Masseria delle allodole” (2007), una dura historia sobre el genocidio armenio protagonizada por Paz Vega y que cuenta en su reparto con Angela Molina y André Dussollier, entre otros. Una película con la que los Taviani han querido mostrar el desconocido sufrimiento de un pueblo y su preocupación por las tragedias silenciosas que se producen mientras el resto del mundo sigue con su vida o como apuntó Paolo: “Mientras en Italia comemos un plato de pasta”.

