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“Los abrazos no son como besos pero casi” por Isabel Coixet

En una película que hice hace ya tiempo (probablemente la película a la que le tengo mas cariño como a un hijo desvalido que necesita infinitas cantidades de paciencia y ternura) había un personaje interpretado por el incombustible Seymour Cassel que iba pidiendo abrazos a todo el mundo para no recibir mas que chascos y desplantes. Al final , en uno de esos momentos que sólo el cine y algunos privilegiados momentos en la vida nos conceden , el único personaje al que no se lo había pedido, es el que termina abrazándole. Me gusta recordar ese abrazo de Lili Taylor como un abrazo perfecto de una película imperfecta, qué caray, pero sincera hasta decir basta.

Hay abrazos de película que me fascinan, abrazos que huelen a sal y a lápiz de labios corrido, como el de Deborah Kerr y Burt Lancaster a la orilla de la playa en “De aquí a la etrnidad” o el último abrazo de John Malkovich a Michelle Pfeiffer en “Las relaciones poeligrosas” antes de decirle que va a dejarla para siempre o los abrazos desesperados de los amantes de “Happy together”. También me gustan los no abrazos, cuando desde la butaca de un cine deseas tanto que los personajes se pierdan uno en los brazos del otro, que te duelen los hombros y hasta la mandíbula, pero ellos, que saben de la fuera de las cosas que no se hacen, se mantienen a distancia aunque algo en el aire apunte que la distancia que les separa está ardiendo.

Hay abrazos falsamente emotivos, de esos que te hacen crujir las costillas, son abrazos donde hay alguien ( el que te hace crujir) que irremediablemente sobreactúa. A veces uno , aunque sea un experto en abrazos, puede confundir las cosas y creer que es un abrazo de verdad, pero se equivoca : el abrazador utiliza la fuerza del abrazo para confundir al abrazado , es una llave de jiujitsu camuflada. Desconfiad siempre de los abrazos que da un abrigo marrón o verde loden o acolchado. Desconfiad de los abrazos de los entrenadores de fútbol o de los subsecretarios. Desconfiad de los que os dicen “Ven a mis brazos”.

Hay abrazos absurdos , como cuando uno se encuentra por la calle con alguien de quien no recuerda el nombre y se ve envuelto en un océano de brazos y golpes de espalda bienintencionados, pero que no llevan sino a una incómoda perplejidad, y cuando él o ella , los que os han abrazado , doblan la esquina , la piel empieza a ponerse morada de nostalgia, como si ese simulacro de abrazo os hiciera echar de menos algo que no se sabe muy bien qué es pero duele.

Hoy las calles se llenan de gente que reclama abrazos para no sé que competición o récord o quiniela- hoy mismo me he cruzado con dos individuos con el cartel de marras a cuestas-, me recuerdan a esa vieja tía con verruga peluda que siempre cuando erais pequeños os pedía un beso y hasta un abrazo.

Hay otros abrazos que son raros, un entrechocar torpe de huesos, como el primer abrazo de Jack y la novia cadáver. A los tímidos les cuesta abrazar, pero como la española de la copla, cuando abrazan, abrazan de verdad y no importa el crujir de huesos ni la torpeza , ni las gafas que se tuercen por el camino, ni las narices que tropiezan porque los abrazos no son como los besos pero casi.

Abril 27, 2008 Publicado por lentecreativo | Cine, Literatura, Opinión | | No hay comentarios

Shirley Temple, la niña de los rizos de oro

Shirley Temple encandilaba con su cabello rubio. Por supuesto también estaban sus mejillas, su boca y sus ojitos con su especial manera de mirar a la cámara, pero los fans de esta niña estrella de la década de 1930 lo eran sobre todo de sus cabellos. Lo que no sabían era que requerían mucho trabajo. La madre de Shirley, Gertrude, les daba forma y los ataba poco antes de irse a dormir, y les aplicaba productos para que fuesen más rubios. No podía sumergirse en una piscina, sino sólo chapotear, con dos gorras de baño una sobre la otra. Y tenía que tener mucho cuidado de la persecución de los cazadores de souvenirs, que querían un rizo como recuerdo. Por todo ello, probablemente no es casualidad que a sus 80 años -que cumplió este 23 Abril-, Shirley Temple lleve el cabello corto.

Temple creció más rápido que otros, y no sólo porque hasta la pubertad había rodado unas 40 películas. “Ni niñez se terminó cuando tenía cinco años. Fue cuando Papá Noel me preguntó en un centro comercial si podía darle un autógrafo”, relató la actriz. Con films tan populares como “Pobre niña rica” (”Poor Little Rich Girl”, 1936), “La pequeña princesa” (”The Little Princess”, 1939), “Heidi” (1937) o “La mascota del regimiento” (”Wee Willie Winkie”, 1937), se hizo famosa en todo el mundo. La niña mimada de padres y abuelos en todos los continentes ayudó con su imagen a curar las heridas de un mundo que vivía una terrible recesión económica. Incluso el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt sucumbió a sus encantos y le agradeció “haber hecho atravesar a América con una sonrisa la gran depresión”.

Temple, hija de un empleado bancario y de una costurera, fue descubierta en una escuela de danza con cuatro años. Ya antes de entrar en la primaria había recibido un Oscar honorario. “En agradecimiento a su extraordinario aporte al entretenimieto cinematográfico del año 1934″, afirmaba el texto del premio. La pequeña cantante y bailarina -sobre todo de claqué- ganaba con cada película más que cualquier otro actor de Hollywood. Con nueve años tenía ingresos anuales superiores a los del presidente de General Motors y la rodeaba el lujo más absoluto, como una fuente de limonada en su propio bungalow durante los rodajes. La de Shirley Temple fue sin embargo una carrera contra el tiempo. Cuando llegó a la pubertad, dejó de ser una inversión millonaria asegurada para la 20th Century Fox. “Era la niña de 14 años más vieja del mundo”, declaró la actriz cierta vez.

Sus intentos posteriores de insertarse como joven mujer en el cine, como en “El solterón y la adolescente” (”The Bachelor and the Bobby-Soxer”, 1947), terminaron sin éxito. Durante la filmación del western de John Ford “Fuerte Apache” (”Fort Apache”, 1948), protagonizado por John Wayne, la joven se enamoró del actor John Agar. Sin embargo, el matrimonio se rompió junto con su retirada del mundo del cine. Pese a ello, evitó el destino de muchas estrellas infantiles, que acaban en la ruina tras subir a lo más alto. En 1950, Temple se casó con su actual marido, el empresario Charles A. Black. En su nuevo papel como ama de casa y madre en una mansión de los suburbios, Temple se consagró a nuevas tareas: a través de actividades sociales, se abrió camino en la política. Como republicana convencida se presentó en 1967 a las elecciones para ser elegida diputada y perdió por poco margen. Temple afirma no lamentar nada. “Tuve realmente una vida maravillosa”, resume su trayectoria. “Fui quizás una de los niñas más felices del mundo”.

Abril 27, 2008 Publicado por lentecreativo | Cine, Noticias | | No hay comentarios

“Las Hurdes” 75 años después

El pasado miércoles 23 de abril, hizo justamente 75 años que el cineasta Luis Buñuel comenzó a grabar el documental «Las Hurdes. Tierra sin pan». Se filmó desde el 23 de abril de 1933 hasta el 22 de mayo. Un mes justo de trabajo, el plazo exacto que se había marcado Buñuel porque no había dinero para más. La película fue proyectada por primera vez en Madrid en diciembre de 1933, pero el doctor Marañón, a la sazón presidente del Patronato de Las Hurdes, sentenció que era un film insultante para España y fue prohibida su proyección. En ese momento comenzaba una polémica que ha marcado el documental y potenciado la leyenda negra de esta comarca extremeña.

«Gracias a este documental, Las Hurdes forman parte de la historia del cine. Hay muy pocas comarcas en el mundo que puedan presumir de algo así». Quien llama la atención sobre este aspecto de ‘Tierra sin pan’ se llama José Pedro Domínguez Domínguez y es director del Centro de Documentación de Las Hurdes, situado en un funcional edificio de Pinofranqueado con biblioteca especializada en Hurdes, información turística, exposiciones… Estos días se proyecta sin interrupción, y así se hará durante meses, la película ‘hurdana’ de Buñuel. La particularidad es que también se proyectan sus ilustrativos descartes. «’Tierra sin pan’ ya no es algo vergonzoso para nuestra comarca porque Hurdes ha asimilado esas imágenes como suyas, es nuestra película», proclama orgulloso José Pedro.

«La parte negativa, prosigue, es que las imágenes trasgresoras han creado una idea morbosa y han hecho daño en Las Hurdes durante muchos años. Lo positivo es que un espectador, desde su butaca, sabe que es cine, ya está ilustrado sobre la cultura hurdana y sabe que se trata de una denuncia social en un tiempo concreto sobre una situación que no se podía consentir». En esta mañana de sábado, la vida fluye tranquila en Pinofranqueado. Hay mucha gente en la calle: compran, charlan… En los bares te sirven buñuelos de miel caseros con el café y en la tienda de electrodomésticos ofertan televisiones a la última y canales digitales que te trasladan a medio mundo. Los turistas pasean por la orilla del río, beben jarras de cerveza en terrazas elegantes, sentados en butacas de mimbre, y la atmósfera es limpia y confortable.

En la sala de proyecciones, se sigue pasando la película. Hace un momento, la veía un grupo de profesores de excursión. Ahora la contempla una pareja de portugueses que ya la conocen porque en su país hay una versión con subtítulos. Lo que les llama la atención son los descartes de Buñuel, que no conocían. En la sala, además de la proyección en pantalla grande, se muestra una interesante exposición sobre la película… ¿La película, el documental…? El director del Centro de Documentación opina sobre la cuestión: «Viendo los descartes, se ve que Buñuel hizo cine. El documental no habría tenido tantos cortes, se graba lo que se ve. Pero ‘Tierra sin pan’ es cine, recrea las imágenes, recrea la información. Si le quitas el sonido, parece un documental, pero con sonido… El off de Francisco Rabal es muy punzante, te remueve el subconsciente».

Los descartes son sugerentes. Está, por ejemplo, el caso de la cabra despeñada. En la película se ve una cabra que se cae por un barranco y el off apunta que en Las Hurdes solo se come carne cuando se despeña una cabra. En los descartes se ve al equipo azuzando las cabras y situándolas en el lugar apropiado para que el propio Buñuel dispare a una con su pistola y el animal se despeñe (esta imagen se puede observar en la fotografía superior de la página siguiente). En la película también se ve un burro con colmenas, se cae una y las abejas se ceban en el jumento y lo matan. En los descartes se contempla cómo el equipo de Buñuel unta de miel el cuerpo del asno para que las abejas se lo coman. ‘Tierra sin pan’ es para los historiadores un atrevimiento artístico y una introducción al documental. La Editora Regional prepara la publicación de un cómic sobre la película realizado por el dibujante cacereño Fermín Solís.

Más allá del turismo y la belleza del paisaje, Las Hurdes es una comarca con nubarrones. Hay mucho absentismo estudiantil y bastante fracaso escolar. Los universitarios vuelven poco porque solo hay trabajo en la Administración. La madera se transforma fuera y el proyecto de una industria maderera recogido en el Plan Hurdes 1977 sigue siendo solo eso, un proyecto. La industria se reduce a una fábrica de envasado de aceitunas y dos de muebles. Hay dos cooperativas de aceitunas y de cerezas y el resto, la construcción y la emigración temporal. Solo el sector de las colmenas y la miel mantiene su pujanza. Hay seis centros temáticos, pero los turistas que intentan recorrerlos se quejan de que los encuentran siempre cerrados. No hay transporte público interno ni autobús a Cáceres, aunque sí a Plasencia, Coria, Ciudad Rodrigo o Salamanca. 75 años después de Buñuel, Las Hurdes no son ya una tierra sin pan, pero sí tienen carencias serias.

Abril 27, 2008 Publicado por lentecreativo | Cine, Comics, Noticias | | 2 comentarios

El rodaje de “Tetro”

Francis Ford Coppola entra en el Gran Café Tortoni y su propia leyenda lo acompaña como una sombra. “Es él, ¿no?”, susurran en las mesas. El Tortoni tiene 150 años de antigüedad y está abarrotado de turistas. Hay una cantante de tango que destila su lamento. Hay una orquesta que la acompaña. Y, en medio de las desafinaciones, los actores se preparan para rodar en la madrugada una escena de “Tetro”, la nueva película de Coppola, producida por Zoetropa Argentina, su propia compañía, y Tornasol Producciones, de España. La historia transcurre en una Buenos Aires actual. Y, con la ciudad de trasfondo, dos hermanos, los hijos de un director de orquesta y compositor, se reencuentran y vuelven a escribir sus propias vidas en clave dramática. “Es emocionante estar aquí, aprender el español, disfrutar de una ciudad tan intensa y con una gran tradición literaria y musical”, cuenta Cóppola.

Usted suele decir que con “Youth without youth”, su última película, de bajo presupuesto, inició una etapa diferente como director. ¿Qué es lo que ha dejado atrás?
Los años, en principio. Ya estoy más viejo y siento que me he pasado la vida haciendo películas comerciales, como un director profesional, sin poder escribir guiones originales. Y lo que siempre quise hacer son películas más personales.

¿Las que quiso hacer cuando era un estudiante?
Sí, películas como las de Akira Kurosawa o las de los grandes directores europeos, Michelangelo Antonioni y Federico Fellini, artistas que fueron muy importantes para mí. Ese deseo siempre estuvo. Ahora tengo algo de dinero. El negocio del vino me abre en estos momentos otras posibilidades. Entonces me dije, “¿qué harías si de repente tuvieras un millón de dólares?”

Es una buena pregunta…
Bueno, mi respuesta está aquí, en Buenos Aires. Ahora hago lo que siempre quise: realizar y financiar mis propias ideas personales con total independencia.

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Abril 27, 2008 Publicado por lentecreativo | Cine, Literatura, Noticias, Opinión | | No hay comentarios