Entrevista a Alejandro Jodorowsky
La leyenda, el cineasta de culto, el hombre que provocó al mundo entero está de regreso en la tierra que lo vio nacer como artista y que marcó con su obra, en esta ocasión volvió a las tablas y lo hizo a través de “El sueño sin fin” que se presentó en el Festival del Centro Histórico. Alejandro Jodorowsky le debe todo a México. La leyenda, el cineasta de culto, el psicomago, el protegido por John Lennon y el hombre que provocó al mundo entero está de regreso en la tierra que lo vio nacer como artista.
Todo empezó en México donde pasé más de 10 años -asegura Jodorowsky desde su domicilio de París-. Ahora me emociona ir con una obra de teatro. Aún recuerdo cómo en esos años que empezaba a dirigir me querían expulsar por degenerado o me mandaban los granaderos a cerrar los teatros… eran grandes escándalos.
-¿Va a festejar sus 80 años?
¿Festejar? No, el próximo año los cumplo y a esa edad la gente ya se murió. Lo que haré es que me voy a esconder y agradecer que sigo vivo. Creo que siempre he estado adelantado a mi época… unos 30 años (risas). Lo que parecía escandaloso en esos años en México, ahora no lo es. Cuando hice “Fando y Lis” me quisieron linchar, el Indio Fernández me quería matar. Tanto que a Fando la llamaban ‘fango’ y a Lis, ‘chis’, era un escándalo”, afirma el escritor, que para inventar la psicomagia se inspiro en Pachita, una curandera mexicana.
-¿Le divierte ser un provocador?
Provocaba reacciones fuertes lo que hacía. Pero mi única intención era expresar el arte que yo sentía. No me considero provocador; soy un artista honesto que no busca el dinero ni la consagración, sólo hacer su obra.
-Existe un antes y después de Jodorowsky en el teatro mexicano.
No puedo decirlo yo, sería muy vanidoso… pero sí. En esa época nadie hacía eso, eran los tiempos del teatro de Manolo Fábregas; fui tan lejos que invente el happening antes de que se pusiera de moda en Estados Unidos. Siempre fui a fondo y sin duda inspiré a muchos directores mexicanos.
-Regresa al país que lo tachó de loco y lo van a recibir embajadores…
Oye. Ahora en Chile me recibe el Presidente. No sólo embajadores. Soy como Drácula… una momia cultural.
-La obra que vino a presentar a México ya no es polémica, es más, usted dice que ayudará a sanar a la gente. ¿Esta bajando la guardia?
Lo único que me ha bajado es la cantidad de esperma. Estoy llegando a la andropausia. Hay erecciones claro, pero ya confundo la revolución con re… volucion y político con… poético. Creo que el arte debe de servir para sanar y ayudar a la gente. Presento problemas y soluciones. En esta obra, dos seres que vienen
de un universo superior caen en la Tierra y dan vida a todas las parejas humanas con sus problemas y soluciones. Digamos que es espiritual.
-El montaje se ha transformado desde que se presentó en México cuando se llamó “Ensueño” y se basó en textos de August Strindberg.
Él la escribió para 60 personas y yo la reduje a dos actores por problemas económicos. Pero ahora eliminé a Strindberg, con el perdón de su alma, y la música la compuso un pordiosero que nunca supe cómo se llamaba.
Durante un largo tiempo, la entrevista se convierte en una gran charla, repleta de sabiduría, pero también de otras reflexiones, como que en el mundo comenzarán a nacer niños mutantes… “Serán más inteligentes que nosotros y nos van a ver como a monos y tenernos lástima o compasión.”
Pero en cuanto se le pregunta sobre política, Jodorowsky explica: “¿Por qué siendo artista tengo que opinar de todo? Yo no soy como esos escritores que se hacen amigos de dictadores o se meten en la política para vender más libros. Yo soy de extremo centro y creo en la re… evolución poética. La política no me interesa”. Finalmente y fiel a su costumbre, Jodorowsky reta a que se le haga una buena pregunta.
-¿Cómo ve el mundo y sus problemas?
Buena pregunta (risas). Hoy está convulsionado. Lo comparo con una oruga, con un gusano dentro que se retuerce, que sufre y se está muriendo pero de ahí saldrá una mariposa. Estamos llegando una crisis donde todo se está cayendo, la religión, la política, la cultura. Pero está bien, porque vendrá un cambio grande y muy positivo en el mundo… paciencia.

