el blog de Lente Creativo

Febrero 29, 2008

El surrealismo en el Guggenheim

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El mundo necesita más fantasía. Nuestra civilización es demasiado mecánica. Podemos convertir lo fantástico en real, transformándolo en más real que lo que realmente existe», dejó dicho Salvador Dalí, uno de los pilares del surrealismo. Conviene tener presente esa premisa para adentrarse en la muestra bautizada como Cosas del Surrealismo, la exposición consagrada a los artistas encuadrados en ese movimiento que el Guggenheim Bilbao abre desde hoy al público. Son 250 objetos (cosas) pero tampoco ocupan tanto espacio como pueda parecer en un principio: la labor de puesta en escena ha dispuesto un recorrido donde el visitante puede rastrear las claves del movimiento en su relación con el mundo del diseño y la promoción comercial.

La pinacoteca bilbaína ha distribuido las piezas en 5 espacios, en un montaje y puesta en escena que ha corrido a cargo del Victoria & Albert Museum de Londres (V&A) y ha sido comisariada por la conservadora del propio museo, Ghislaine Wood quien afirmó ayer, durante la presentación de la muestra. «El movimiento surrealista produjo algunos de los objetos visualmente más intrigantes del siglo XX. Se apoderó de la imaginación popular y su fuerza hoy sigue estando vigente». La totalidad de la tercera planta del Museo diseñado por Frank Gehry se transforma por medio de una escenografía inspirada en las apasionantes y sorprendentes puestas en escena de los propios surrealistas, que ha sido diseñada especialmente para Bilbao por el equipo de arquitectos londinense Metaphor.

El visitante podrá contemplar, a través de esta espectacular puesta en escena, el desarrollo y trayectoria del movimiento artístico de vanguardia más influyente del siglo pasado, fruto de la ideología política de Karl Marx y del psicoanálisis de Sigmund Freud, en un recorrido por los trabajos más singulares y reconocidos de sus principales protagonistas: Salvador Dalí, René Magritte, Jean Arp, Joan Miró o Giorgio de Chirico. La muestra, dispuesta en la tercera planta de la pinacoteca, ha sido organizada desde un punto de vista temático y no cronológico, tal y como señaló ayer la comisaria durante su presentación. La exposición se distribuye en cinco secciones temáticas, e incluye desde mobiliario a joyas, vestidos, filmaciones, objetos, cuadros y fotografías: El ballet, el objeto, la naturaleza, el cuerpo y el interior.

La muestra subraya la evolución que experimentó el Surrealismo desde su nacimiento como movimiento artístico de vanguardia políticamente radical hasta convertirse en un fenómeno cultural, «que transformó el mundo del arte, el diseño, la moda, la publicidad, el diseño de joyas, la fotografía, el cine, y las artes decorativas en tan sólo una década, y que incluso, hoy día, sigue ejerciendo una importante influencia en muchos campos», afirmó el responsable de la pinacoteca, Juan Ignacio Vidarte.

El término Surrealismo fue acuñado en 1917 por el crítico de arte y poeta Guillaume Apollinaire. En 1924 André Breton lo utilizó para describir un movimiento políticamente radical que aspiraba a cambiar la percepción del mundo. Durante los años treinta el Surrealismo traspasó los límites de lo que era un movimiento artístico radical de vanguardia y llegó a influir en diferentes ámbitos como el cine, el teatro, el diseño, la moda y la publicidad. Para algunos, la asimilación del Surrealismo por parte del mundo comercial debía ser algo aceptado e incluso celebrado, mientras que para otros iba en contra de los principios políticos del movimiento.

“Cosas del Surrealismo” es la primera muestra que analiza la forma en la que la mayoría de los artistas surrealistas se fueron introduciendo en el mundo del diseño y, de igual forma, cómo los diseñadores se sirvieron del Surrealismo como fuente de inspiración, de las cerámicas diseñadas por Miró a los modelos que inspiraron a Salvador Dalí. La comisaria Ghislaine Wood recordó el proceso de gestación de la exposición. «El proyecto surgió casi por accidente como exposición. Ha habido muchas muestras dedicadas al surrealismo pero ninguna ha analizado su transferencia al mundo comercial», recordó la conservadora del Victoria and Albert Museum de Londres.

Desde su punto de vista, la relación entre ambas disciplinas ha sido «truculenta» pero «casi todos los artistas trabajan hoy en el mundo del diseño». Para Wood, si algo simboliza el espíritu del movimiento es «la unión entre la carretilla de Oscar Domínguez y la fotografía de Man Ray: ahí está toda su esencia resumida». Dalí, colaborador de cineastas como Buñuel y Hitchcock y afluente principal del surrealismo comercial, decía: «Trato de crear cosas fantásticas, cosas mágicas, como en un sueño. El mundo necesita más fantasía. Nuestra civilización es demasiado mecánica. Podemos convertir lo fantástico en real, transformándolo en más real que lo que realmente existe». La potencia magmática de las imágenes que manejaban estos artistas explican sólo en parte el éxito del surrealismo, término acuñado en 1914 por Apollinaire, que tomó cuerpo diez años después en el manifiesto de André Breton.

Un festín para los sentidos es lo que ofrecen las obras maestras reunidas para esta ocasión. Pinturas de Magritte, Ernst, Dalí o Tanguy, objetos que se han convertido en iconos como el primero de los cinco Sofá en forma de los labios de Mae West o el Teléfono Langosta de Dalí. El diseño tiene un protagonismo merecido con los vestidos de Elsa Schiaparelli (Desgarro o Esqueleto) o la recién descubierta Mesa con patas de ave de Oppenheim. Pero la lista es interminable: figurines de De Chirico, para Diaghilev; la Venus de Milo con cajones, de Dalí; la Carretilla, de Óscar Domínguez -a quien la muestra reivindica como uno de los grandes del surrealismo-; o la Cama-jaula con biombo, de Max Ernst. La inspiración en la naturaleza alcanza su grado máximo en el biomorfismo de la Cabeza y concha, de Jean Arp; los Pendientes para Peggy Guggenheim, de Tanguy; obras del realizador Jean Cocteau, Matta, Moore, Gorky; el Sofá en forma de nube, de Noguchi, o una maqueta de la decoración de Kiesler para la galería Art of this Century, de Peggy Guggenheim. El arte surreal es una emulsión en manos de Man Ray y se convierte en joyas, como la Estrella de mar daliniana, cuyos tentáculos abrazaron el mundo.

Ciento un filmes italianos declarados como bien cultural

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Ciento un filmes italianos, entre ellos, siete del cineasta Federico Fellini, han recibido ayer el título de ‘bien cultural’, por lo que serán restaurados y protegidos como otro monumento más del país. Así lo ha decidido una comisión de expertos, surgida del Festival de Cine de Venecia, respaldada por el Ministerio de Cultura y que ayer ha presentado el listado de las cien películas en la Casa del Cine, en Roma.

Las 101 películas han sido seleccionadas en un arco de tiempo que transcurre entre 1942 y 1978 o, lo que es lo mismo, desde el principio del ‘neorrealismo’ italiano, surgido en la II Guerra Mundial, a los llamados ‘años de plomo’, en la década de 1970, cuando el país sufrió graves atentados de matiz político. El director que sobresale sobre todos es Fellini, que cuenta con siete películas en el listado, entre ellas “La Dolce Vita” (1960), “Otto e mezzo” (1963) y “Amarcord” (1974).

Le sigue Luchino Visconti, con seis filmes, desde “Ossessione” (1943) hasta “Il Gattopardo” (1963) y luego Vittorio di Sica, con cinco, de quien se incluye “Ladri de biciclette” (1948). También está “Roma citta aperta” (1951), de Roberto Rossellini, y “Guardie e ladri” (1951), de Mario Monicelli. Con las películas también estarán a salvo los rostros de los actores y actrices como Vittorio Gassman, Marcelo Mastroianni, Toto, Alberto Sordi, Silvana Mangano, Anna Magnani, Gina Lollobrigida, o Sophia Loren. Hay terribles omisiones de directores consagrados como Sergio Leone, Lina Wertmüller y Liliana Cavani, pero ninguna lista es perfecta…

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Febrero 28, 2008

Los Makhmalbaf

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Contar una historia, narrarla, es un hecho tan simple como mágico. Salvo que en el lugar en el que se viva no haya lugar ni para la simpleza ni para la magia. Filmar en Irán siempre fue difícil para Mohsen Makhmalbaf. También lo es hoy para sus hijas, pero, como si se tratara de un pequeño ejército de la resistencia, ellos siguen apostando al cine, y llevan ganadas algunas batallas. Mohsen lleva filmadas más de veinte películas y cosechó, a lo largo de su carrera, decenas de premios internacionales.

Claro que no todas fueron caricias para su ego: toda su vida sintió (y todavía siente) la mirada fija en su nuca de la censura y del fundamentalismo religioso más extremo. Por eso, cuando su hija mayor, Samira le informó que no pensaba volver a pisar el colegio y que quería ser cineasta como él, Mohsen no estuvo de acuerdo, pero sabía que tenía motivos para tomar esa decisión: no soportaba el adoctrinamiento ideológico. “En Irán, hasta en las clases de matemáticas y química está incluída la religión”; explicó Maysam, el hermano menor de Samira en una reciente entrevista.

Entonces, Mohsen encontró una solución: fundaría una escuela de cine para todos aquellos niños a los que les interesara aprender a contar historias, actuarlas, ponerles sonidos, músicas, silencios. “Se dirigió a nosotros y nos dijo que pensáramos qué queríamos porque no estaba dispuesto a que dos años después le planteáramos lo mismo y tener que empezar de nuevo”, recuerda Maysam.

Hana Makhmalbaf cultiva el misterio –no dice si vive en su ciudad, Teherán- y tampoco da pistas sobre el paradero de su familia. Hija de director y guionista y con dos hermanas realizadoras, sólo desvela que su padre, el director Mohsen Makhmalbaf abandonó el país hace tres años y medio y todavía no ha regresado. “Por el cine, todos vivimos como gitanos. Somos nómadas para escapar de la censura”, explica la autora de esta historia que sigue a una niña de seis años que sólo quiere ir a la escuela para aprender historias bonitas que el próximo viernes se estrena en nuestro país.

Hana lleva varios meses promocionando su filme “Buda estalló de vergüenza” que comienza y termina con imágenes de la destrucción de las grandiosas estatuas de Buda en Bamiyán, en el centro de Afganistán, en febrero de 2001. Donde estaban los Budas que volaron los talibanes hay un enorme hueco en la roca, en cuyas inmediaciones, en cuevas, viven un grupo de niños que sólo saben jugar a la guerra.

“Mi prioridad siempre fue que los niños comprendieran que era un filme que hablaba sobre la situación de la infancia y del impacto que tiene la violencia en los más pequeños y como éstos la reflejan en sus juegos. Son chicos afganos, pero el tema es universal porque la violencia está en todos los sitios”, explica.
No oculta la benjamín de los Makhmalbaf que escogió un país “tan extraño” como Afganistán “porque para todos las estaturas de Buda eran un símbolo de inocencia y de bondad.

Se supone, además, que las estatuas de piedra no tienen sentimientos, pero no es cierto porque se averguenzan cuando ocurren cosas malas y destructivas. Me gustaría que la película ayudara a ver lo que está ocurriendo allí. Los buenos políticos no son los que pueden predecir el futuro, sino los que saben analizar lo que está pasando”, expresa.

Con pocos medios y muy buen ojo para escoger entre más de cien chiquillas a la inocente Nikbakht Noruz, Makhmalbaf hace suyas las palabras de su progenitor, “que siempre dice que si en lugar de bombas lanzarán libros, Afganistán sería otro país. Las bombas y la fuerza no son la solución. Durante el rodaje conocimos a un hombre que había sido comunista durante la invasión rusa, mula con los talibanes y ahora trabajaba con los norteamericanos. Es decir, que sabía muy bien del lado de quien tenía que estar en cada momento”, recuerda.

Decepcionada porque ‘Buda…’ no se ha visto en Afganistán -“nos prometieron que la iban a proyectar, pero todavía no han cumplido su palabra”-, la directora espera poder trabajar algún día en su país, donde, más que por ser mujer, lo tiene complicado por la familia de la que proviene. “Mi padre quería crear una escuela para cien alumnos, pero el Ministerio de Cultura le denegó el permiso, dijeron que con un Makhmalbaf era suficiente”, comenta. Por eso, la iniciativa incluyó sólo a sus hijos y a otros chicos conocidos.

Había tres tipos de clases, que sus hijos agrupan en clases para vivir mejor, cómo ser mejor personas y técnica cinematográfica. “La técnica puede aprenderse en cualquier otra escuela, pero nuestro padre insistió en la formación humana”, recuerda Hana, la más pequeña de la familia. Así, Mohsen, su mujer Marsiyeh, Samira, Maysam y Hana se convirtieron en un virtuoso círculo de artistas que cosechan premios internacionales y cuentan historias simples y mágicas. Claro que no fue fácil: sufrieron atentados en pleno rodaje, amenazas y actos de sensura. Pero estaban preparados para soportarlo.

Franz Kafka y su fascinación por el cine

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Una de las revoluciones más apasionantes dentro del universo cultural fue la aparición del cine. Dicen las enciclopedias que todo comenzó en 1896, con la primera proyección de los hermanos Lumière. Sin embargo, la verdadera explosión de este nuevo lenguaje llegaría durante las dos primeras décadas del siglo XX. Porque antes de las bombas (las de la gran guerra), toda Europa -principalmente París, Berlín, Praga y Viena- se llenará de cines y de unos espectadores embelesados y estupefactos.

Las primeras salas de exhibición fueron ambulantes. El artesano -aún no podía llamarse empresario- llegaba con su proyector y se iba. Pero, a partir de 1907, se establecerán las salas fijas, controladas por las empresas que dominarán la industria durante estos primeros años: las francesas Pathé y Gaumont, la alemana Mutoskop y la estadounidense, pero afincada en Europa, Edison Company. Ellas se encargaban de todo: producían, distribuían y, por supuesto, exhibían. A las salas comenzó a acudir el público en tropel. Y, tal y como relata Hanns Zischler en su libro Kafka va al cine (Minúscula), uno de estos espectadores fue el joven checo Franz

Kafka, quien, desde 1910 a 1914, recorrió, junto a su amigo Max Brod, los cines de París, Berlín y Praga con ojos desorbitados. La metáfora es evidente: si a Warhol, la televisión junto a la publicidad y el technicolor, le convirtieron en el artista más moderno de la posmodernidad, el cine para Kafka fue una especie de llegada a la Luna que influirá sobremanera en sus formas artísticas. Por otra parte, los cines cambiaron el rostro a las ciudades. Muchos de ellos habían sido antes teatros, pero otros fueron construidos a partir de las premisas conceptuales del art-decó. Dentro de esa corriente se encontraba el Omnia Pathé, abierto en 1905 en París. “Fuente de nuestros placeres”, escribió Kafka sobre él. En Berlín destacaba la zona de la Postdamer Platz, que poseía unos cines, dirigidos por los hermanos Herrnfeld, donde se proyectaron algunos de los éxitos de la época como Por fin solo, de Max Mack, en 1914.

En la ciudad natal de Kafka, Praga, la profusión de cines era enorme: el Landestheater, el Lucio Azul, el Orient, el Bio-Lido o el Bio-Lucerna, una sala que también tenía un café y un cabaret. Esto último dice mucho sobre cómo eran esos primeros cines y ese primer público que se acercaba expectante. En relación con las películas, algunas de las que, por ejemplo refiere Kafka en sus Diarios es la danesa La esclava blanca (1910), llena de tópicos eróticos y sexuales, y convertida en un éxito. Los títulos son muy característicos de estos primeros años de cine en blanco y negro y mudo. Ahí está la alemana Para yerno sólo quiero a un funcionario (1913). Todo un reflejo de que lo que empieza es espontáneo, sin maldad y con una deliciosa ingenuidad.

Ahora bien, tampoco hay que olvidar otras temáticas que gustaban mucho al público como los dramas realistas cercanos al suceso. Este tipo de filmes los explotaba mucho Pathé. Uno de sus éxitos fue El robo de la Mona Lisa, basado en el caso acaecido en 1911. En cuanto al público, según escribió el crítico cinematográfico Ulrich Rauscher en 1912, fue desde el inicio popular: “Había en Alexanderplatz (Berlín) un cine de barrio abarrotado de obreros, putas y macarras, y por encima de ellos se alzaba el comentario sensiblero del narrador”. Exacto, estos narradores, dobladores especiales de aquellas películas mudas, eran también pieza clave en cualquier sala, junto a los carteles que anunciaban las películas, los cuales se convertirían en auténticos lienzos artísticos.

Por supuesto, el cinematógrafo, como se llamaba a los cines, provocó una caída de espectadores en los teatros. Es más, también entre los actores, ya que algunos de los más famosos de entonces, como Albert Basserman, tras brillantes Hamlet, o Delia Gill, no dudaron en ponerse ante la cámara. El cine era la meca y no al revés. Lo había cambiado todo. Y también fue un termómetro para la sociedad. Un ejemplo que vivió el propio Kafka es evidente: año 1921, pase de la película Regreso a Sión, financiada por el Fondo Nacional Judío, en el Lido-Bio de Praga. Multitud de judíos acuden a la proyección. Kafka se acerca y observa cómo una extraña muchedumbre se agolpa a las puertas del cine. “¡Ahora los judíos hacen cine, qué desfachatez!”, grita una mujer. Qué ironía: en 2008 la mayoría de las salas está copada por cine judío.

Según relata Zischler, el escritor se enamoró del cine en 1910, cuando tenía 27 años. A tal llegó su pasión que, según afirmó en sus ‘Diarios’, podía dejar la escritura –su vida, su respiración– para dejarse caer por el Landestheater de Praga a ver qué programa emitían (en aquel entonces había muchas sesiones continuas, ya que las películas no tenían mucho metraje). Le gustaban las comedias y las tragedias. Y es que a pesar de esa percepción universal de un carácter apocado, a Kafka no le gustaba estar un segundo quieto. Quería conocer todo lo que se movía en la ciudad. Hasta 1914 se encuentran numerosas entradas en los diarios sobre películas, cines y actores. Después, curiosamente, tendría lugar su explosión literaria (La Metamorfosis, El Castillo, El Proceso). Nos queda la duda: ¿habría sido otro escritor sin su pasión cinéfila?

Febrero 27, 2008

Bollywood en Barcelona

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El exotismo de las producciones de Bollywood, que en los últimos años se han puesto de moda en todo el mundo, se instala por primera vez en España en forma de espectáculo musical en el teatro Tívoli de Barcelona, en una representación en la que se mezcla la tradición india con el ‘glamour’ del cine. ‘Bollywood The Show’, estrenado en Australia en 2005, es el título del musical, que podrá verse en la capital catalana hasta el próximo 23 de marzo, en el que una cincuentena de músicos, bailarines y actores ofrecen una galería de imágenes que transportan al público hasta el país del Ganges.

Se trata de un espectáculo en el que se conjugan la danza, el teatro, la música y el cine para narrar, con el trasfondo de un relato de amor característico de Bollywood, la historia de una de las dinastías más famosas del celuloide de la India, la familia Merchant. Precisamente, el miembro más joven de la familia, la reconocida coreógrafa Vaibhavi Merchant, es la responsable de los bailes de la obra, tal como ha recordado hoy su hermana Shuti, mientras que la música es de los también hermanos Salim y Sulaiman Merchant.

La pieza comienza en los desiertos del Rajasthan, donde la dinastía Merchant tiene la responsabilidad de mantener las viejas prácticas de la danza ‘Kathak’. La figura de Shantilal, el abuelo de la saga, acabará enfrentado a su nieta Ayesha, protagonista del musical y que vive una historia de amor con Uday, que persigue convertirse en la reina de la coreografía de los modernos filmes de Bollywood.

Shuti Merchant ha explicado hoy en rueda de prensa que la historia tiene mucho de real, puesto que su abuelo fue uno de los máximos representantes de la época dorada del cine indio y, quien ya de muy mayor, no entendió que su hermana Vaibhavi -que viajará a Barcelona dentro de cuatro días- “luchara por estar en el mundo del cine, exhibiéndose en público”.

Respecto del espectáculo que ahora se verá en Barcelona, ha señalado que de lo que más orgullosa se siente es de que “al final, personas de muy distintas procedencias se pongan en pie e intenten copiar los movimientos de los actores”. En el mismo sentido, ha intervenido el productor australiano Mark Brady, quien cree que la clave del éxito de este espectáculo, que en el Tívoli cumplirá las 400 representaciones, es “su equipo creativo, de los mejores de Bombay”.

De hecho, la gira del musical, que ahora parará durante un mes en España, proseguirá después a los Países Bajos, Suiza, Austria y Bélgica, con ‘bolos’ contratados hasta el año 2010, por lo que Brady confía en poder volver en el futuro a alguna otra ciudad española. El actor Denzil Smith, que interpreta al abuelo Shantilal, ha considerado que su personaje es “muy especial, con muchas anécdotas relacionadas con él como su terror a volar después de un accidente en avión, o su facilidad para crear nuevas estrellas”.

Carol Furtado, que durante el encuentro con los medios ha aparecido ataviada con un vistoso dos piezas de pedrería y el pelo ensortijado, es Ayesha, una mujer “ambiciosa, que acaba consiguiendo lo que quiere, estar en Bollywood, después de luchar para romper las tradiciones”. El espectáculo, con una duración de dos horas, cuenta con unos diálogos en inglés, que en Barcelona se traducirán al castellano y se podrán leer en pequeñas pantallas laterales.

Coincidiendo con la llegada del musical al Tívoli, se ha organizado el concurso ‘Al ritmo de Bollywood’, en el que se propone la grabación de un vídeo de 1,40 minutos con una coreografía original basada en el espectáculo, que puede colgarse hasta el día 10 de marzo en la web Teatral, organizadora del certamen. Los ganadores podrán subir al escenario del teatro barcelonés para bailar su coreografía en una de las funciones.

El animé japonés toma Alemania

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Cuatro museos muestran en Francfurt el fenómeno del cómic japonés Manga y la versión para la pantalla Anime, como respuesta en el lejano Oriente al arte Pop y precursores de películas estadounidenses actuales de animación por ordenador. Las películas de animación Anime, que están impregnadas de la cultura popular japonesa y del Arte Contemporáneo de Japón, son un fenómeno cinematográfico universal que abarca diferentes edades, no sólo niños.

El anime ha inspirado filmes actuales según consideró en Francfurt el coleccionista estadounidense Mike Glad, que es el principal donante en la exposición sobre las películas de animación japonesas del Museo Alemán de Cine (Deutsches Filmmuseum). La animación por ordenador tridimensional permite conseguir actualmente movimientos más dinámicos y escenas con más detalles ópticos, sin embargo, no termina de convencer a los dibujantes japoneses debido a razones estéticas.

Glad destacó que las películas Anime para niñas entre 14 y 18 años (Shojo Anime) presentan chicos menos duros que en los filmes dirigidos a los jóvenes varones. Hoy en día, la mayor parte de los productores que trabajan en el género Shojo Anime son mujeres. El Museo Alemán de Cine mostrará desde hoy y hasta el próximo 3 de agosto el triunfo de las películas de animación japonesas con una exposición de los dibujos y un ciclo de cine de los principales éxitos internacionales como “Akira” y “La princesa Mononoke”, así como clásicos de Tezuka Osamus como “Astro Boy”.

El ciclo comienza con “El viaje de Chihiro” (2001) de Hayao Miyazaki, película que ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín en 2002, una distinción sin precedentes para una película de dibujos animados. La exposición recoge bocetos, objetos para películas de tres dimensiones y las láminas transparentes que se usan en el proceso de creación de las películas de animación. La muestra, que ha sido organizada bajo los auspicios del embajador de Japón en Alemania, Takano Toshiyuki, y del cónsul general Hanada Yoshitaka, también acerca los dibujos de series televisivas como “Heidi”, que convirtieron a Miyazaki en uno de los grandes maestros del cine de animación.

Esta exposición itinerante se podrá ver a partir de octubre en el Museo de Arte Moderno de Luisiana y en 2009 en la Academia de Ciencias y Artes Plásticas en Movimiento de Beverly Hills, (Los Ángeles). Al mismo tiempo, el Museo de Artes Aplicadas de Francfurt hace un recorrido por la cultura del cómic en Japón desde 1800 hasta 2008, que proporciona una perspectiva histórica del Manga y sus precursores culturales en la pintura y la escultura en madera del siglo XIX. El Manga lidera actualmente con una cuota de mercado de casi el 80 por ciento el sector del cómic asiático, estadounidense y europeo, explicó el comisario de la exposición Stephan Graf von der Schulenburg.

Los principales dibujantes y artistas de Manga, Nara Yoshitomo, Aida Makoto y Shiriagari Kotobuki, también presentan algunas creaciones en esta exposición. Shiriagari dijo en la rueda de prensa de presentación en Francfurt que en Japón están muy sorprendidos por el furor que ha generado este cómic internacionalmente. En el año 1993, cuando el auge del Manga alcanzó su momento máximo, se vendieron en Japón 1.590 millones de ejemplares de este cómic.

Tras este éxito, se llevó Manga a las pantallas de cine y televisión por medio de las películas de animación Anime, con las que ahora comparte cifras de ventas. A partir de marzo el Museo de Arquitectura de Francfurt se mostrará, en otra exposición, los aspectos arquitectónicos que hay en Manga y Anime. Además, este año en la capital financiera de Alemania se van a celebrar varios podios de discusión sobre el cómic y las películas de animación japonesas.

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